La IX Cumbre Iberoamericana acercó a Cuba con Europa


 Por Manuel Díaz Aponte

Latinoamérica, emocional y culturalmente nunca se separó de Cuba, aunque a excepción de México, los restantes países se sumaron al bloqueo.

El reino de España impulsó la presencia de la República de Cuba en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica,  a pesar del bloqueo diplomático y comercial impuesto por Estados Unidos a la Isla, a partir del 1960.

Ello sorprendió inclusive, al legendario líder guerrillero y ex presidente cubano, Fidel Castro Ruz, quien así lo dejó expuesto en su discurso en la IX Cumbre Iberoamericana, en La Habana (1999).  

El entonces rey de España, Juan Carlos de Borbón y Castro mantuvieron relaciones de respeto, viabilizando de ese modo, las relaciones bilaterales y el acercamiento entre la madre patria y la nación caribeña.

Ello se tradujo además, en un incremento de las inversiones de capitales españoles en Cuba, mayormente en infraestructuras turísticas.

Incidió la ascendencia española de  los Castro, cuyo padre, Ángel María Bautista Castro Argiz,  gallego que emigró hacia Cuba y desembarcó en el puerto de La Habana, el 4 de diciembre de 1899, a bordo del vapor francés Mavane.     

El presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, impuso el 19 de octubre de 1960 un embargo parcial y rompió las relaciones diplomáticas con Cuba el 3 de enero de 1961.

Pero, en el el gobierno demócrata del trigésimo quinto presidente de EE.UU., John F. Kennedy (20 de enero de 1961–22 de noviembre de 1963), la medida fue endurecida.

El carismático mandatario estadounidense fue asesinado en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963, en un hecho que consternó a la sociedad norteamericana y al mundo.

El triunfo de la revolución cubana (1953-1959) aceleró el distanciamiento entre Washington y La Habana, llegando a su clímax ante la denominada crisis de los misiles (16 de octubre de 1962-28 de octubre de 1962), que tuvo a punto de generar un conflicto armado entre EE.UU. y la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).  

La crisis de los misiles que inició el 14 de octubre de 1962 cuando un avión espía de Estados Unidos descubrió que la Unión Soviética había instalado misiles en Cuba, pudo desencadenar un conflicto global.

Las sanciones del gobierno estadounidense contra Cuba imposibilita su participación en los foros de integración en Occidente, y preponderantemente, en la Cumbre de Las Américas así como en las reuniones de la Organización de Estados Americanos (OEA).

La IX Cumbre Iberoamericana en Cuba

Fue un acontecimiento que igualmente sirvió de soporte para delinear y reactivar las nuevas relaciones de la Isla con Occidente, específicamente España y Portugal.

Latinoamérica, emocional y culturalmente nunca se separó de Cuba, aunque a excepción de México, los restantes países se sumaron al bloqueo impuesto por la potencia del Norte en momentos en que predominaban las dictaduras militares en la región.    

Incluso a la IX Cumbre Iberoamericana efectuada en La Habana, los días 15 y 16 de noviembre de 1999, bajo el lema: “Iberoamérica y la situación financiera internacional en una economía globalizada”, algunos mandatarios de tendencia conservadora como Carlos Menen, de Argentina; Francisco Flores, de El Salvador y José Arnoldo Alemán Lacayo, de Nicaragua, no asistieron aduciendo violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno cubano.      

El rey Juan Carlos I y el presidente del gobierno español, José María Aznar así como el presidente de Portugal, Jorge Sampaio, asistieron al evento. Previamente, el presidente de la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba, Rafael García Aznar, en declaraciones al diario El País manifestó refiriéndose a la primera visita de un monarca español a Cuba tras la revolución, que: “La visita debía de haberse celebrado ya. Pero, como no ha sido así, debiera quedar claro que el Rey no viene sólo a participar en una cumbre, sino a visitar un país con múltiples vínculos con España».

¿Cuáles puntos trascendentales abordó en su discurso el entonces presidente de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la IX Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno Iberoamericana?

“Cuando en julio de 1991 se inició la primera Cumbre en Guadalajara, no imaginaba siquiera cuál sería la evolución posterior de ese evento. Yo era allí una especie de ave rara, un intruso al que se le perdonaba la vida al admitirlo en aquella sala. Cuba era la eterna excluida de toda reunión en este hemisferio. No pocos me miraban con curiosidad y hasta con lástima. Es posible que casi nadie creyera que Cuba podía resistir el derrumbe del campo socialista que condujo al doble bloqueo que abruptamente habría de soportar nuestro país”, planteó.

Los No Alineados, ¿salvación diplomática?

Ante el aislamiento al que fue sometido su país, las autoridades cubanas optaron por refugiarse en el Movimiento de Países No Alineados (MPNA), que conformaron varios Estados socialistas durante la Guerra Fría, escenario geopolítico e ideológico mundial de la segunda mitad del siglo XX.

Habiendo salido España de la dictadura franquista (1939-1975) se inició un proceso de aproximación de la nación española hacia sus antiguas colonias de América, estableciéndose para ello, varios mecanismos de integración y participación diplomática.

Contrario a lo que algunos de sus adversarios pudieron haber imaginado, el presidente cubano adoptó un tono conciliador y reflexivo al intervenir en las sucesivas Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica.    

Y así, lo reflejó cuando recordó que: “Acostumbrado a participar en otro tipo de cumbres en el Movimiento de Países No Alineados, bastante radicales en sus pronunciamientos, o con Jefes de Estado o Gobierno de países socialistas, que jamás dejaban de mencionar determinados términos del vocabulario revolucionario y antimperialista; habituado a la idea de una América unida e integrada con un largo camino por recorrer todavía, me preguntaba qué hacía yo en aquella cumbre, qué hacían allí nuestras antiguas metrópolis, España y Portugal, miembros, por añadidura, de la Unión Europea y de la OTAN”.

El Rey y Fidel, ¿amabilidad compartida?

Castro agradeció la actitud de respeto que siempre le profesó el Rey Juan Carlos I aún en circunstancias en que muchos países occidentales, especialmente Estados Unidos, dirigían sus cañones tratando de evitar la participación de Cuba en cónclaves regionales.      

En ese sentido, dijo: “Nunca olvidaré, sin embargo, el gesto de México al invitarnos, como no dejaré de agradecer el trato amable y respetuoso del Rey Juan Carlos, y la sincera solidaridad que percibí en otros dirigentes allí presentes con la oveja negra que representaba en aquella reunión a un pueblo rebelde y tenaz, que treinta años antes se apartó del rebaño para seguir su propio camino y estaba condenado al matadero en cuestión de semanas, o a más tardar meses. Lo más que aprecié entonces fue el hecho de que por primera vez se reunieron los latinoamericanos sin ser convocados por Washington. ¿A qué se debía todo aquello? Tal vez los historiadores puedan ofrecer algún día una explicación razonable de las cosas extrañas que estaban ocurriendo.

Previo a la Cumbre de Guadalajara fue celebrada en Extremadura, España, el “Encuentro Iberoamericano de ex presidentes Democráticos” que se hizo en el monasterio de Guadalupe. Allí fue firmada la “Declaración de Guadalupe“, contemplando entre otras cosas la creación de una Comunidad Iberoamericana de Naciones, el impulso a la Educación, la Ciencia y la Cultura así como a los procesos de paz en Latinoamérica.    

Primeros esfuerzos integracionistas

Es a partir del siglo XVIII cuando se conocen los primeros esfuerzos de iniciativas integracionistas en América Latina, al instalarse el Congreso Anfictiónico de Panamá entre los días del 22 de junio al 15 de julio de 1826. Su propósito fue crear una confederación de los pueblos iberoamericanos desde México hasta Chile y Argentina.

La principal aspiración del Libertador de América, Simón Bolívar, era impulsar el entendimiento y la unidad de todos los pueblos del Continente.

Algunos historiadores atribuyen al Congreso de Panamá el surgimiento del sistema de integración interamericana por el que precisamente propugnaba y defendía Bolívar.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) la composición e integración de las naciones se convirtió en una prioridad para la comunidad internacional, y particularmente Estados Unidos que había salido prácticamente indemne del conflicto emergió como una futura potencia política, económica y militar.

El 30 de abril de 1948 nace en Bogotá, Colombia, la Organización de Estados Americanos (OEA), cuya esencia original era convertirse en un foro político para la toma de decisiones, apertura de diálogo multilateral y la integración del Continente Americano.   

La carta constitutiva de la fundación de la OEA fue rubricada por 21 naciones el 8 de mayo del 1948, incluida la República Dominicana y posteriormente fue ampliada con la incorporación de Canadá.   

La sede principal de la OEA está en Washington, capital de Estados Unidos, y congrega a 35 países del Continente Americano. El secretario general actual es el uruguayo Luis Almagro.

A partir de la celebración de la Primera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica en 1991, en Guadalajara, México, se abrió un abanico de acercamiento y discusión entre las altas instancias del poder político y diplomático de la región. Ello ha contribuido positivamente al enriquecimiento del debate sobre las reales causas que inciden en el atraso en que viven muchos de los países de Iberoamérica.

Artículo de Manuel Díaz Aponte  

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