Libertad para Luis Robles Eliazástigui y demás prisioneros de conciencia en Cuba

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Libertad para Luis Robles Eliazástigui y demás prisioneros de conciencia en Cuba

Por Alexis Almonte

¿Quién es Luis Robles Eliazástigui?  Un técnico en informática de 32 años, padre de un bebé de apenas un año, confinado durante casi cuatro meses sin formal acusación y, por tanto, sin juicio

 

¿Porque está preso?  Por haber tenido la osadía de desafiar la dureza del régimen stalinista, paseándose entre las multitudes que pululan o suelen transitar por una de las vías más céntricas y populosas de La Habana con el cartel que improvisara en un pedazo de cartón con la inscripción que decía: “Libertad. No más represión # Denís”. 

 

¿Dónde está confinado? Su paradero se desconoció durante semanas y luego aparecería en la oscura mazmorra del Combinado Este, la mayor penitenciaría cubana, que es también una cárcel de alta seguridad. Durante el mes en que estuvo desaparecido lo habían aislado en Villa Marista, tétrica ergástula de la llamada “seguridad del Estado”, similar a lo que aquí era la tenebrosa 40 en la Era de Trujillo. 

 

La desgracia le vino por su emotividad y audacia. Ocurrió el pasado 4 de diciembre, Robles Eliazástigui estaba dolido por la arbitraria prisión de su amigo Denís Solís, un rapero cuyos mensajes contestatarios lo condujeron derechito a la cárcel. Sin más ni más, le “cantaron” ocho meses de encierro dizque “por desacato”, en un juicio sumario, muy propio del autoritario sistema cubano. 

 

Esto al muchacho no le vio nada de gracia, como tampoco a la irrupción policial contra el grupo de más de 500 intelectuales y artistas que habían realizado un piquete frente a la sede del Ministerio de Cultura demandando la liberación de Solís, en uno de los desafíos más frontales y sonoros en más de 60 años de dictadura. 

 

Menos gracias aún le inspiraba la otra embestida de sabuesos de la Policía Política contra las instalaciones del Movimiento San Isidro, que agrupa a artistas opositores, de donde sacaron a la fuerza a decenas de protestantes que se había declarado en huelga de hambre por la liberación de Solís. 

 

Esto excitó de tal modo la impulsividad del muchacho que no vaciló en hacer algo para lo que hay que estar bien bragado y hasta mal de la cabeza, como retar la rígida intolerancia del régimen castrista. 

 

En manos de sus captores, a Robles Eliazástigui le tocó pagar “las verdes y las maduras”, como dice el refrán. Cuenta su hermano Landys Fernández Eliazástigui que en el primer confinamiento estuvo sometido a tratos humillantes, desnudado, golpeado y mojado en una celda de castigo, sin acceso a sus medicamentos para viejas dolencias, como migraña y vértigo de de Ménière. 

 

Durante los primeros meses de encierro, Luis se mantuvo estoico, sufriendo callado, a petición de sus familiares, que creían que con un bajo perfil, sin denuncias ni estruendos, las cosas se solucionarían y, como entendían que no era tan grande la falta, quizá las autoridades bajarían la guardia y se ablandarían (¡vaya ingenuidad!.¿Sería que no conocían las garras infames de la intolerancia castrista?). 

 

Lo que dice al respecto el hermano es que “pensamos que lo iban a soltar con una multa. La protesta fue un viernes y fuimos sábado y domingo a la estación de Policía, pero no nos atendieron. Cuando volvemos el lunes, nos dicen que ya no está y nadie nos da respuesta sobre su paradero” 

 

Puse al pie de las presentes reflexiones el link del video con el arresto del joven Robles Eliazástigui y les pido que los observen con atención. Fíjense en la reacción de la gente, cómo el repudio a la arbitrariedad policial excita el ánimo de los presentes, especialmente las mujeres, que enfrentan sin miedo a los captores y tratan inútilmente de arrebatar el prisionero de sus garras. 

VIDEO

 No sé en qué parará todo esto, pero quiero concluir estas reflexiones, sumándome a las voces que piden a las autoridades cubanas liberar sin dilación a Robles Eliazástigui, Solís y demás  prisioneros de conciencia. Resumo el pedido con la misma inscripción que tanto suplicio han causado al prisionero: “Libertad. No más represión” 

 

 

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