Geopolítica, ¿diplomacia de la vacuna?

 Geopolítica, ¿diplomacia de la vacuna?  

Manuel Díaz Aponte 




La geopolítica es una dinámica en constante transformación y adaptación, similar a mover las piezas de ajedrez. En un mundo aceleradamente cambiante como el actual, subestimar su alcance tiene sus consecuencias. 

República Dominicana y varios países de América Latina tienen que agradecer la generosidad del gobierno de China que ha facilitado el suministro de su vacuna  CoronaVac, fabricada por la empresa china Sinovac.

Ha sido un alivio para la comunidad latinoamericana que no ha recibido igual tratamiento por parte de Occidente, y especialmente de naciones con vínculos y tradiciones históricas, culturales y políticas como Estados Unidos, Francia y España.            

El país acaba de recibir un millón de dosis de la vacuna Sinovac, con la cual el Ministerio de Salud Pública y el Gabinete de Salud, que dirige la vicepresidenta Raquel Peña, podrán seguir ampliando la exitosa cobertura de vacunación entre la población. 

Desde Beijing, capital de la República Popular China, el avión chárter de la línea aérea Air China, efectuó la larga travesía hasta aterrizar en el Aeropuerto Internacional Las Américas José Francisco Peña Gómez. 

La nave transportó un millón de vacunas Sinovac comprada por el Gobierno dominicano y una donación del Gobierno chino de 50 mil dosis y 51,200 jeringuillas.

Esa masiva inoculación es fundamental para ir recobrando la normalidad en nuestro diario vivir, fundamentalmente en los ámbitos de salubridad, comercio, educación y turismo.         

Las autoridades confían en que la reactivación de las actividades turísticas irá incrementándose tras la masificación en la aplicación de las dosis contra el coronavirus.   

Por eso, las principales cadenas hoteleras y los resorts esparcidos en el territorio nacional vienen aplicando sus respectivos protocolos sanitarios para brindar seguridad y protección a sus huéspedes.    

Vacuna y Diplomacia 

Sin tener que apelar a otras estrategias que no sean la diplomacia y el poder mental bien característico de la cultura asiática, China está logrando revertir el agujero negro que impactó sobre su imagen tras conocerse en   Wuhan, el primer caso de COVID-19 en el mundo.

A la defensiva ante una avalancha de críticas y acusaciones y sorteando las terribles consecuencias económicas de la guerra comercial con Estados Unidos, los chinos entraron en acción con su vacuna CoronaVac, fabricada por la empresa china Sinovac.  

Previamente, concentraron sus esfuerzos investigativos obteniendo muestras del coronavirus en pacientes de China, Italia, Gran Bretaña, España y Suiza. 

Una muestra captada en China sirvió finalmente como base para crear la vacuna, distribuida actualmente en más de cincuenta países, incluida la región de América Latina.    

Brasil, segunda nación del mundo después de EE.UU. en muertos e infectados por la pandemia, ahora utiliza la vacuna china. 

El presidente Jair Bolsonaro bloqueó el año pasado gestiones del Ministerio de Salud de esa nación suramericana, para adquirir 45 millones de dosis.

Era parte de una estrategia promovida por el gobierno del ex presidente estadounidense Donald Trump de intentar cerrar el paso a las creaciones chinas, incluida la gigante de las telecomunicaciones Huawei.

Latinoamérica se ha convertido en un mercado estratégico y humanitario de la vacuna Sinovac, diseminada en estos momentos en Argentina; Perú, Colombia, Brasil, México, Uruguay, Venezuela, Cuba, Nicaragua y República Dominicana. 

Las inversiones  comerciales, tecnológicas y de infraestructuras de la República Popular de China en esta región son cada vez más significativas. 

En un discurso ante los líderes de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en Beijing en enero de 2015, el presidente Xi Jinping comunicó que las empresas chinas invertirán 250 mil millones de dólares para el año 2025.

¿Otra Alianza para el Progreso?  

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, exhibe la bandera del acercamiento y cooperación con sus vecinos de Latinoamérica, diferente a la política que enarboló  Donald Trump.            

“La Alianza para el Progreso” (1961-1970) iniciativa de ayuda social y política impulsada por el gobierno del presidente John F. Kennedy. Se trató de una estrategia cuyo objetivo era disminuir focos de pobreza en la región y también de “parar” los movimientos revolucionarios y la influencia de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).         

Hay esperanza entre la humanidad de que la nueva administración de Joe Biden logre superar el distanciamiento entre Estados Unidos y China, que alcanzó su clímax en el gobierno de Donald Trump. 

Las señales dadas por Biden y su homólogo chino, Xi Jinping, tras una conversación telefónica reciente apuntan hacia la distensión entre las dos superpotencias.       

Es la mejor manera de contribuir al sosiego mundial y abrir las compuertas para una relación comercial apegada a las normas comerciales y al respeto institucional que rige el comercio internacional. 

El mundo ha cambiado a partir del surgimiento de la actual pandemia, por lo que el liderazgo mundial debería reflexionar sobre cuál es su papel para superarla.                 

¿Por qué no adoptar políticas sociales dirigidas a disminuir la brecha entre ricos y pobres para propiciar mayores oportunidades y bienestar colectivo?   

Biden aplica un estilo de gobierno muy distante de su  predecesor Trump, lo que podría repercutir positivamente  hacia América Latina. 

Anunció un programa asistencial para Centroamérica que implica la derogación de cuatro mil millones de dólares, dirigidos a El Salvador, Guatemala y Honduras, que busca frenar la masiva emigración de ciudadanos hacia territorio estadounidense.  

Pero no basta solo con eso, se requiere un nuevo giro en la política exterior  norteamericana que rebase las clásicas donaciones a gobiernos de la región, que apenas alcanzan para paliar necesidades perentorias.    

Condonación de la Deuda Externa 

El gobierno de EE.UU. puede propiciar conjuntamente con los organismos financieros mundiales la condonación de la deuda externa de los países latinoamericanos, a sabiendas del impacto que ha significado la crisis sanitaria en sus economías.  

Al mismo tiempo, debe promover la inversión de capitales estadounidenses en áreas que fortalezcan las estructuras productivas y que generen empleos en América Latina, principal causa de la inmigración hacia el Norte.  

Si Occidente no ha sacado la cabeza para facilitar a la América Morena la vacuna contra el coronavirus, debería entonces propiciar a que superemos la otra pandemia, la crisis económica.     

Sería la mejor contribución de Norteamérica y las otras potencias occidentales para impulsar el desarrollo económico de nuestros países. ¡Amén!.  

Artículo de Manuel Díaz Aponte

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