LOS PLÁSTICOS, SERES HUMANOS Y LA NATURALEZA DEGRADADA

 


LOS PLÁSTICOS SERES HUMANOS Y LA NATURALEZA DEGRADADA

 

Por Néstor Antonio Pardo Rodríguez

Estudiante de Técnico en Monitoreo Ambiental

Servicio Nacional de Aprendizaje – SENA - Colombia

 

En el comienzo de los tiempos y apenas unos siglos después que la Tierra se enfriara lo suficiente para que germinara la vida, las aguas cantarinas bajaban de las montañas, cruzaban los campos y valles, llevando los nutrientes que utilizarían las plantas para poder alimentar a los futuros animales que estaban surgiendo.

 

Todo era calma, alegría, dinamismo y armonía. Los árboles mecían sus frondosas copas y ramas ante el paso dulce del viento y las brisas, que los refrescaban del calor reinante. Pero cumplían muy bien su papel de proteger el suelo de la resequedad que podría generar el sol implacable.

 

A su vez, el astro rey peinaba sus dorados cabellos, y con gestos coquetos, lanzaba ondas coloreadas que convertían en vapor parte de las corrientes de agua, lagos y lagunas, para producir algodonosas nubes, las cuales danzaban en el aire y después se precipitaban en cantarinas gotas de lluvia que refrescaban el ambiente y volvían a humedecer la superficie terrestre y las plantas.

 

Con la transformación de las pequeñas bacterias en microorganismos y a su vez estos en insectos y otros pequeños animales, y de aquellos a los imponentes dinosaurios, tanto herbívoros como comecarne, surge la vida animal y los ciclos vitales de nacer, crecer, reproducirse y morir.

 

Pero después, sin saber de dónde, surgen unas criaturas pavorosas, destructoras y maléficas que comienzan a alterar ese ordenado desorden de vida y paz: los seres humanos. Se aprovechan del rayo para utilizar el fuego, matan animales para comer y vestirse con sus pieles, contaminan las aguas, cortan los árboles, y comienzan a extraer los huesos y la sangre del planeta que con amor los acoge (sus minerales).

 

Pasan los años y ya son muchos. No alcanzan las cuevas para vivir y alojarse, así que tienen que comenzar a construir chozas y casas. Inventan herramientas para talar los árboles y extraer más minerales que les permitan alzar grandes muros que los aíslan de los otros.

 

Siguen y siguen llegando los humanos. Se establecen en pueblos y ciudades. Ya los recursos naturales no alcanzan a cubrir sus necesidades, por lo cual comienzan a inventar sustancias artificiales. Para ello utilizan un líquido oscuro, fruto de la descomposición de los antiguos dinosaurios atrapados por los cataclismos producidos en la constante metamorfosis de esta tercera esfera viviente del sistema solar.

 

Nace así el plástico y todo se hace con el mismo, pero a su vez, hay que desecharlo. Y comienzan a lanzarlo a las quebradas, riachuelos y ríos que lo arrastran hacia el mar. Las corrientes de éste transportan esos residuos y en zonas de calma chica los van depositando, hasta formar grandes manchas e islas flotantes que son un espejismo para muchos animales marinos, los cuales confunden estas sustancias con alimentos, los devoran y mueren intoxicados o con sus entrañas obstruidas por las mismas.

 Los ciclos naturales se alteran. El plancton muere y no se pueden alimentar los peces, cangrejos y otros animales marinos, que a su vez son alimento de otros más grandes, y de los despreciables humanos.

 

El plástico cubre las ciudades y los campos; los caminos y las carreteras; las quebradas, lagunas, lagos, riachuelos y ríos. El sol no puede ya evaporar el agua, pues el plástico se lo impide. Ya no se producen lluvias y por ello mueren las plantas. Disminuye la producción de alimentos y se muere en la guerra por las tierras fértiles y por la falta de alimentos.

 

Los plásticos e inconscientes seres humanos crearon el plástico, mataron la naturaleza y se mataron ellos mismos.


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