ESCUCHA ACTIVA, HABLA Y ÉXITO ESCOLAR


ESCUCHA ACTIVA, HABLA Y ÉXITO ESCOLAR

Por Néstor Antonio Pardo Rodríguez

Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo

Titulado por la Universidad Nacional de Colombia

nestorpardo2000@yahoo.com

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El Habla o modalidad comunicativa audio - oral, es el acto auditivo - motor que conlleva la articulación de sonidos en la expresión oral, mediada por el Lenguaje.

Como facultad de la mente humana, el Lenguaje implica la capacidad para codificar o descodificar un mensaje, mediante mecanismos que permitan transformar ideas, emociones y conceptos en Praxias, previo el reconocimiento de los estímulos internos y externos que nos inducen a la comunicación. Tal facultad se operacionaliza o implementa, mediante una estructura neuropsicológica conformada por una red de alta complejidad de mecanismos y centros nerviosos especializados genéticamente en: 

 

1. la organización de la producción y el reconocimiento de las cadenas sonoras del habla; 

 

2. las reglas que gobiernan el ordenamiento secuencial de las palabras en frases y oraciones; 

 

3. y el sistema de significado que se adhiere a éstas, como consecuencia de las experiencias cotidianas y la interacción social del individuo en una variedad de situaciones comunicativas. 

 

Por otra parte, el oído humano en situaciones normales puede captar sonidos de una frecuencia entre 16 y 20.000 ciclos por segundo (vibraciones dobles por segundo o hertz), aunque es más sensible a las diferencias entre un tono y otro cuando se hallan 50 dB (decibeles) por encima del umbral de audición y en gama de los 500 a los 4.000 ciclos por segundo (zona de la discriminación auditiva del habla). Entre mayor sea el número de hertz (Hz) de la onda sonora, más agudo será el sonido según la sensación subjetiva del individuo, y mayor será la frecuencia. 

 

Es de anotar que los sonidos del habla, al igual que todos los que se producen en la naturaleza no son tonos puros, sino complejas mezclas que se congregan en un espectro, por lo cual el oído debe ser capaz no sólo de captarlos, sino de analizarlos y enviarlos al cerebro para que éste identifique los mensajes que portan.

 

Para comprender un mensaje, por lo tanto, se requiere de un proceso de escucha activa, el cual conlleva la habilidad de escudriñar activamente y con conciencia plena el mensaje oral y su contexto, interpretándolo y comprendiéndolo. 

Para Cromer (1978), Di Nicola (1979) y otros, siguiendo un proceso evolutivo, los órganos del hombre destinados primariamente a la respiración y a la alimentación han desarrollado la función adicional de proferir una rica sucesión de sonidos, cuyo uso es aprendido desde la más temprana infancia y se utilizan simbólicamente con otras personas que tienen la misma lengua y están en capacidad de percibirlos y comprenderlos. Por esto, al habla se la conoce algunas veces como “función superpuesta”. 

 

Cuando el niño aprende a leer, traduce las letras en sonidos. A medida que se convierte en un lector más ágil, reconoce las palabras globalmente y ya no requiere de ir asociando cada grafema (letra) con su sonido y correspondiente fonema (diferenciación conceptual de los sonidos). Así se incrementa la velocidad para leer, el reconocimiento ortográfico y su campo semántico.

 

Sawyer y Butler (1991) explican que al adquirir la competencia para leer, construimos sobre bases ya disponibles (LENGUA) en el sistema primario del discurso hablado: la fonología, o estructura del sonido de la lengua que incluye sílabas y fonemas; la sintaxis, o conjunto de reglas que gobiernan el ordenamiento secuencial de las palabras en frases y oraciones; y la semántica, o sistema de significado que se adhiere a las anteriores como una consecuencia de las experiencias en una variedad de contextos.

 

Goodman (1969) expresa que cada niño lleva a la escuela 5 ó 6 años de lenguaje y   experiencia.   Estos vitales elementos se desarrollan fundamentalmente a través del juego, ocupación primordial en esta etapa de la vida, el cual sirve como organizador de elementos sensoriomotores, emocionales, perceptivos, cognoscitivos y lingüísticos que ayudan a crear un modelo interno de sí mismo y del mundo externo que lo rodea. Jugar involucra la posibilidad de aprender, comunicarse, modificar, variar, crear, cambiar y el ajuste frente a situaciones y elementos nuevos.

 

Stemberg y Powell (1983) insisten en que los buenos lectores combinan la información escuchada o leída con su propio "conocimiento del mundo" en la memoria semántica, para crear una nueva entidad dentro de la cabeza, que representa el significado del texto o discurso.

 


El profesional de Terapia del Lenguaje / Fonoaudiología es un acompañante fundamental de este importante proceso de aprendizaje de la lectura, ya que puede contribuir al replanteamiento del modelo de “aprehendizaje” de la realidad, asumiendo en primer lugar las estrategias que favorezcan el normal desarrollo del lenguaje y las habilidades comunicativas como base de las demás adquisiciones académicas, así como en la generación de un programa que permita analizar el nivel comunicativo de los educandos, detectar las dificultades que se presenten, prevenir en el futuro la aparición de éstas, corregir las que se encuentren y lanzarse hacia la búsqueda de un nivel de excelencia comunicativa entre todos los actores del proceso educativo y en todas las modalidades.


 

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