Aquí entre nos- Un pueblo unido defendió su futuro

 Aquí entre nos              

 

                  Un pueblo unido defendió su futuro



 

Por Alexis Almonte

 

“El odio y la supremacía se pasean orgullosos por nuestras calles, pero nunca en la historia de los Estados Unidos los matones lograron igualar la fuerza de un pueblo unido. Pueden dar un puñetazo, pueden dejarte una marca; pero nunca, ni una sola vez en nuestra historia lograron igualar la fuerza y el espíritu de un pueblo unido que defiende su futuro”.

                                                                Joe Kennedy III

La cita con que encabezo estas reflexiones es parte de la histórica intervención del congresista Joe Kennedy III, cuando fue escogido por el Partido Demócrata para replicar los juicios del presidente Donald Trump en  su primera comparecencia en 2017, con su discurso ante el Estado de la Unión, que es como decir aquí la intervención de los presidentes ante la Asamblea Nacional cada 27 de febrero para presentar sus memorias.

En aquella ocasión el joven Kennedy enrostraba a Trump el “fracturar la unidad de los norteamericanos”.

Resalté sus palabras, que estimaba patéticas, en mi artículo de víspera de las elecciones del martes, concluyendo en que “ojalá los resultados le den la razón”. Y gracias a Dios la fuerza del voto confirmó su planteamiento.

Dije, y eso también está confirmado, que  aquellos comicios no serían iguales a los anteriores y que la fuerza del voto podría aclarar bastante -u oscurecer más de lo que está- el derrotero borrascoso en que Estados Unidos transita desde el 2016.

Había dicho que para los norteamericanos la suerte estaba echada en este certamen tan inverosímil e inaudito en que, por primera vez en la historia, lejos de ser ente de moderación y unidad, su presidente se había constituido en la llama que aviva la desunión y la expresión más cruda de la agresión y el descrédito hacia sus instituciones.

Pasadas las elecciones y el tenso ambiente creado por esa torcida conducta de agitación y demagogia, los resultados están ahí latentes, vibrantes: el presidente electo Joe Biden alcanzó la más alta votación que se recuerde en la historia norteamericana y la diferencia momentánea de 4,319,147 a su favor, con tendencia a aumentar, es probablemente la más grande entre dos competidores.

¿Qué ocurrió esta vez? Atosigados por cuatro años de demagogia, mentiras e insólitos espectáculos de un presidente que funcionaba más como showman que como gobernante, los norteamericanos se tiraron a las calles para hacer valer su derecho a un futuro mejor.

Se lo diré en sentido literal. Por encima de factores muchas veces adversos, como la amenaza del Covid19, fueron a las urnas para sepultar a “votazos limpios” el riesgo de que, como decía en mis anteriores reflexiones, el panorama se oscureciera más que lo que está.

Ocurrió pues lo que el joven Kennedy había advertido años atrás, en referencia al odio, la xenofobia y la arrogancia que destilaba el discurso del mandatario estadounidense: los matones supremacistas “nunca, ni una sola vez en nuestra historia lograron igualar la fuerza y el espíritu de un pueblo unido que defiende su futuro”.

 

 

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