Apuntes sobre la corrupción y los paraísos fiscales (1 de 3)

 Por César Taveras.

¡Qué devuelvan el dinero robado ya! Es la consigna, es el clamor; es el grito que enarbola el país por el presunto desfalco al estado dominicano por la saliente administración. Pero resulta que devolver dinero al estado por desfalco, hurto o malversación, no es tan sencillo como parece.

En este trabajo, de tres entregas sobre la corrupción, trataremos de explicar, brevemente, la psiquis del corrupto y la consecuencia que conlleva la corrupción a un país pobre y de cómo el dinero que se le roba al estado termina en paraísos fiscales.

El hecho de la corrupción en una persona se ha estudiado desde el punto de vista genético, sociológico, siquiátrico y del psicoanálisis. Una de sus definiciones es que se conoce como un trastorno espiritual que consiste en la corrosión ética de la persona, donde su propósito es el bienestar personal en detrimento del interés social.

El corrupto de nuestra sociedad actual es un psicópata enmascarado en humildad y amparado en una justicia comprada, con un perfil que presenta avaricia, manipulación, doble moral, carencias de sentimientos de culpa y propensión mafiosa. Para lograr sus objetivos utiliza: el soborno, fraude, chantaje, despotismo, caciquismo, compadrazgo, tráfico de influencia, entre otras; y que en muchos casos sus acciones van de la mano del sector privado.

Se dice que la concepción cristiana de los siete pecados capitales (lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia) tienen una relación directa con la corrupción que unida al narcisismo y a la vanidad conlleva al ser humano a la deshumanización.

Se han escrito infinidad de libros, ensayos y artículos periodísticos sobre la corrupción y coinciden en que sus inicios se remontan al origen de la humanidad. Se dice que en la Roma antigua quien robaba, tenía que devolver lo robado y era condenado al exilio o al suicidio. Este último era más aconsejable porque mantenía el honor de la familia. La biblia ya habla, del apóstol que vendió a Jesús por 30 monedas. También se habla del antiguo Egipto, (muchos años antes de Cristo) de la corrupción de los funcionarios del faraón Ramsés noveno, sobre los robos y las profanaciones de tumbas. En la misma antigüedad, también se habla de Demóstenes, quien robó dinero de la acrópolis y fue condenado y huyó. Pericles, conocido como incorruptible, fue acusado de corrupción en los trabajos de construcción del Partenón en Atenas. El general Escipión el africano, se cuenta que quemó pruebas que acusaban a su hermano Lucio de estafa. Mucho más adelante, El rey Felipe II de Francia, también fue acusado de corrupción. Tampoco a la corrupción escapa la literatura, nuestro Dante Alhigiere EL POETA Supremo, fue enviado al exilio por política de malversación y todavía su homenajeada tumba vacía, en su amada Florencia del puente Vecchio lo sigue esperando.

De manera que, dando un vistazo a la historia de la corrupción, la misma ha existido siempre con la diferencia de que antes se castigaba vehementemente y no era tan generalizada como ahora. Todo parece generalizado a partir del siglo XV con la Edad Moderna, donde ya el insigne y polifacético TOMÁS MORO decía: que si el honor fuera rentable todos seríamos honorables.

REFERENTES BIBLIOGRÁFICOS: Psicopatología de la corrupción. Martin Nizama (PDF). Breve historia de la corrupción. Carlos Brioschi (PDF).La corrupción en el mundo romano.(PDF).Wikipedia.

César Taveras,

Es odontólogo de profesión y ha ejercido esta carrera por más de 30 años, tanto en su país como en Barcelona, España. Ha sido dirigente clubístico y es un lector apasionado.



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