PRAGMÁTICA Y DESARROLLO COMUNICATIVO


PRAGMÁTICA Y DESARROLLO COMUNICATIVO
Néstor Antonio Pardo Rodríguez


Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo
Universidad Nacional de Colombia
La Pragmática se interesa por el estudio de las expresiones, en los contextos en que éstas se producen, incluyendo el perfil o las características de los interlocutores, sus intereses e intenciones, el estado de su conocimiento, el entorno físico de los alrededores, el tema a tratar, etc. Cualquier frase, oración o gesto, puede adquirir un significado adicional, y a veces totalmente diferente, en virtud del contexto en que se produce.


CONDUCTA PRAGMÁTICA
0 - 9 MESES DE EDAD
Hacia los 2 ó 3 meses de vida, el bebé ya empieza a reconocer la voz de los padres y le gusta mirarlos a los ojos cuando le hablan.
·         Los padres o interlocutores pueden poner al bebé en su regazo para que los (las) mire, con la cara a 20 ó 30 centímetros de distancia de la suya (de frente). Se mueven hacia el frente y le hablan, sonriendo. Hacen una pausa y le dan la oportunidad de que el bebé les sonría, gorjee, se mueva o mueva su boca. Los padres pueden sonreír, hacer gestos divertidos, sacar la lengua, abrir y cerrar la boca u ojos ampliamente o mover la cabeza hacia adelante y hacia atrás mientras hablan, y siguen sonriendo…….
·         Hay que dar tiempo al bebé para responder. Apenas está aprendiendo a reconocer y controlar su cuerpo. 
En los primeros meses del bebé, su conducta comunicativa consiste en mirar fijamente, gritar, reír, vocalizar, agarrar y succionar. Bates (1976) ha descrito esta conducta como "actos prelocucionarios". El padre o la madre se interesan de alguna manera en la conducta comunicativa recíproca y esto enmarca las correlaciones más tempranas con su hijo. Tal etapa va hasta antes de los 9 ó 10 meses, cuando el infante inicia los "actos elocutorios"; es decir, envía mensajes señalando, entregando y mostrando. Bates (1977) sugiere que la cantidad de actos de señalar, entregar y mostrar que el niño inicia en esta etapa, es un indicador de qué tanto se podrá comunicar éste en una etapa posterior.
Durante este período el niño se interesa por las interacciones recíprocas, en la forma de toma – dame con un compañero de conversación (Bruner, 1975). Argyle e Ingram (1972) han notado que entre la madre y el niño hay varias formas de contacto visual convenidas para ser señales de intención, preparación e interacción.
 9 - 18 MESES DE EDAD
El niño está próximo a la etapa de las primeras palabras. Ya maneja muchos de los sonidos propios de su idioma nacional o materno (tiene una fonología) y los significados de un número importante de expresiones (semiología). Ahora va a tratar de hacerse entender, con mayor precisión.
Halliday (1975) indica que a falta de un vocabulario por parte del niño, éste presenta una variedad de funciones que pueden ser observadas por los padres, tanto en las producciones orales (sonidos), como en las no orales. Tales funciones describen los que el niño puede comunicar y son tomadas en consideración por los padres y el mismo niño.
Entre paréntesis se expresa la intención del niño. No es que produzca todavía estas frases u oraciones.
INSTRUMENTAL: Para satisfacer las necesidades del niño (Yo quiero).
REGULATORIA: Para ejercer control sobre las conductas de otros (Haz lo que digo).
INTERACCIONAL: Para establecer y mantener contacto con aquellos que le importan (Yo y tú).
PERSONAL: Para expresar la individualidad propia del niño y su propio saber (Aquí voy yo).
HEURÍSTICA: Para preguntar acerca del ambiente (Dime por qué).
IMAGINATIVA: Para actuar y simular (Simulemos).
INFORMATIVA: Para informar una experiencia en la que no participó el interlocutor (He logrado algo que te voy a contar).




LOS SISTEMAS DE COMUNICACIÓN NO – ORAL
Las modalidades de comunicación no - oral son todas aquellas señas o señales relacionadas con situaciones de interacción comunicativa que no se catalogan como palabras escritas, habladas o kinésicas. Se relacionan con el uso de la voz y el cuerpo para complementar el significado del mensaje, e informan acerca del estado de ánimo o la intencionalidad de la persona que habla.
Los signos de los sistemas de comunicación no – oral, pueden regirse por códigos culturales o reacciones naturales, que reforman de alguna manera, el significado del discurso hablado. Pueden ser utilizados consciente o inconscientemente, realizando actos de comunicación ocasionalmente imperceptibles para el emisor, pero no para el receptor. Son de carácter polifuncional y tienen, entre otras, las siguientes funciones:
·         Iniciar interacciones comunicativas.
·         Introducir temas de conversación.
·         Mantener el tema.
·         Terminar las interacciones cuando sea pertinente.
·         Complementar, matizar o modificar el contenido o sentido de la información portada por un enunciado oral: especificar el contenido, confirmar, reforzar, debilitar, contradecir o camuflar.
·         Regular la interacción y toma de turnos.
·         Subsanar las deficiencias orales.
 Dentro de estas modalidades complementarias, se puede contar con aspectos:
·         SUPRASEGMENTALES DEL HABLA: Algunos autores denominan "PARALENGUAJE" a este componente vocal del discurso, una vez se le ha eliminado su contenido. Comprenden el timbre o cualidad individual de la voz, el ritmo, la prosodia (entonación y pausas), y la intensidad.
·         KINÉSICOS (O QUINÉSICOS): movimientos y posturas corporales, incluidos la mirada y el contacto corporal.
·         QUÍMICOS: lágrimas, humedecimiento de ojos o de labios, sudor corporal etc.
·         CRONÉMICOS: concepción, estructuración y uso del tiempo.
·         DÉRMICOS: sonrojo, palidez, sequedad e irritación cutánea.
·         TÉRMICOS: cambios de temperatura corporal.
·         PROXÉMICOS: concepción, estructuración y uso del espacio (proximidad al interlocutor).
 PROXEMIA Y COMUNICACIÓN
Todos los seres vivos, incluyendo al ser humano, delimitan su territorio individual o espacio personal mediante señales o signos espaciales, visuales, orales, temporales, químicos, etc., que constituye una extensión del organismo.
La proxemia, junto con los aspectos supra – segmentales del habla, la kinesia y cronémica conforman las que se pueden llamar variables paralingüïsticas de la comunicación. El espacio que la persona utiliza al interactuar, tanto con objetos como con personas, informa sobre muchos aspectos inherentes a su estatus, intereses, intenciones etc.
Las primeras nociones sobre proxemia aparecieron en los estudios etológicos respecto a la conducta animal. Más tarde, este concepto fue recogido por los antropólogos y otras disciplinas, entre ellas la Terapia del Lenguaje, Fonoaudiología o Logopedia.
El espacio personal en oficinas, escuelas, prisiones etc., ha sido objeto de diversos estudios, con el fin de conocer y favorecer las interrelaciones entre sus potenciales "habitantes". La ubicación de muebles y otros elementos en el espacio, puede favorecer o perjudicar la comunicación. Unas sillas situadas en semicírculo facilitarán la interacción de los integrantes dentro de una institución, mucho más que si éstas se colocaran unas detrás de otras, formando hileras.
Estas razones evidencian la necesidad de considerar las normas proxémicas a la hora de diseñar las construcciones, teniendo en cuenta el uso que se le va a dar a las mismas y las características de aquellos que van a convivir o interactuar en ellas.
La distancia entre dos personas, generalmente es un indicador del deseo o intencionalidad por establecer una relación o interacción. Sin embargo, factores culturales como las jerarquías, la autoridad o el liderazgo, son variables que determinan el grado de proximidad espacial.
Es evidente que la proxemia es un componente de la cultura, de manera que la delimitación o empleo del espacio varía significativamente de un sistema cultural a otro.
La mayoría de los estudios sobre las diferencias culturales en la proxemia coinciden en la división entre culturas de contacto y culturas de no contacto. En la primera categoría se incluyen a los latinos, árabes y mediterráneos. En la segunda se encuentran los norteamericanos, europeos del norte y asiáticos.
Según Hall, los ingleses, por ejemplo, desde pequeños comparten el espacio con los hermanos, de modo que su actitud para con su propio espacio es bastante diferente a la de otras culturas. Para ellos la privacidad espacial no es tan relevante, sino que manejan interiormente una serie de barreras, levantadas para aislarse cuando están en presencia de otras personas. Es decir, son capaces de estar solos, aún rodeados de muchas personas. Por ello, para los ingleses la proximidad espacial no implica necesariamente relaciones, ni comunicación.
Los ingleses están acostumbrados a escuchar atentamente, a prestar atención, y mantienen contacto permanente ojo a ojo, en las conversaciones. Por esta razón necesitan mantener distancias de unos dos metros, como mínimo, para no distorsionar la imagen. Esta característica puede crear importantes problemas en la interacción con un indígena wayuu (de la Alta Guajira, en Colombia), ya que mirar a los ojos es violar su espacio y dignidad personal.
El espacio personal en las culturas mediterráneas y, sobre todo en las latinoamericanas, tiene unos límites más reducidos. Hay una mayor aproximación y participación sensorial, incrementándose el contacto ocular y físico en las interacciones.
Dentro de cada cultura, los interlocutores conocen implícitamente cuáles son las distancias más adecuadas para cada interacción o relación. Tales espacios manifiestan significados compartidos, fruto de la socialización, y predisponen formas de comportamiento para la obtención de determinados logros. 



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