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¿Nuestra nación en peligro?

¿Nuestra nación en peligro?
Juan Llado - Vocería de los dioses - 24 de diciembre de 2018 – Acento.com.do
Juan Llado
Aun en esta época de la revolución digital, los almanaques físicos perduran. La gente gusta de contemplar sus imágenes, marcar en ellos sus días cumbres del ano y chequear el porvenir en función del presente. Por eso el capítulo dominicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS, por sus siglas en inglés) acaba de poner en circulación la segunda edición de su almanaque sobre los “Monumentos y Sitios Dominicanos en Peligro”. Con él llama la atención al abandono de nuestro patrimonio cultural y promueve un mayor nivel de conciencia sobre la necesidad de preservar los vestigios de nuestra civilización.

En su enjundioso libro “España Infinita”, Joaquin Balaguer explica porque esa preservación es importante. Cita que el filósofo francés Ernest Renan, al definir lo “que es una nación” (https://docplayer.es/86070359-Ernest-renan-que-es-una-nacion-conferencia-presentada-en-la-sorbona-paris-el-11-de-marzo-de-1882.html), atribuye poca importancia “a la unidad del lenguaje, a la de religión y aun a la de raza.” Suiza, por ejemplo, es una nación que cuenta con tres lenguas, tres o cuatro razas y dos religiones. “La nación, en suma, para el erudito galo, solo logra su auténtica unidad cuando en sus pobladores se crea una verdadera conciencia histórica, juntamente con la firme voluntad de mantener todas sus partes unidas en una comunidad solidaria.” Es en el desarrollo de esa “conciencia histórica” que reside el valor del patrimonio cultural.
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Almanaque ICOMOS 2019
Este es un amasijo variopinto definido por la UNESCO en 1982. “El Patrimonio Cultural de un pueblo comprende las obras de sus artistas, arquitectos, músicos, escritores y sabios, así como las creaciones anónimas, surgidas del alma popular, y el conjunto de valores que dan sentido a la vida, es decir, las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo; la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos históricos, la literatura, las obras de arte y los archivos y bibliotecas.”  Con esa referencia de la UNESCO, la Ley 41-00 que creo nuestro Ministerio de Cultura precisó aún más el concepto, identificando una abarcadora retahíla de componentes.
Por su parte, el ICOMOS dominicano se ocupa solo de la preservación de los monumentos y sitios que son parte del patrimonio histórico. Su membresía local está compuesta mayormente por arquitectos restauradores y aficionados a la historia. Aunque son pocos los miembros, el capítulo local se mantiene muy activo con un programa anual de conferencias, eventos internacionales, tours guiados y publicaciones. Su perfil público es avalado por la UNESCO y tiende hoy día a ser la más reputada autoridad local en la materia de los monumentos y sitios a preservar.
La Arq. Diana Martinez, a quien apodan “Princesa de la Zona” por su porte ducal y profunda competencia sobre la Ciudad Colonial, coordina el grupo que trabaja los contenidos de los almanaques. En la reciente puesta en circulación señaló que hace dos años recibieron “el mandato de construir una lista de los lugares patrimoniales en situación frágil a fin de difundirla en ocasión del Día Nacional del Patrimonio que se celebra cada 10 de diciembre.” En la primera edición del calendario se presentaron 12 monumentos y sitios, uno para cada mes del año, en estado de abandono (https://silohubierasabido.wordpress.com/2017/12/12/icomos-rd-senala-12-patrimonios-culturales-en-peligro/). La más reciente edición del almanaque presenta otra docena                            (https://www.diariolibre.com/actualidad/ciudad/doce-monumentos-y-sitios-del-patrimonio-en-peligro-KE11629276). De los presentados en el 2017 se están atendiendo solo dos actualmente: la Iglesia de Santa Barbara y la Casa del Gran Almirante en las ruinas de La Isabela. Obviamente, ni el Estado ni la sociedad civil están poniendo la suficiente atención al asunto.
El destacado jurista santiagués Edwin Espinal, actual presidente de ICOMOS, también hizo un pertinente llamado: “Hoy reiteramos nuestra demanda por una mayor atención y cuidado a los monumentos y sitios, especialmente respecto de los que hoy presentamos. La labor de rescate y protección del patrimonio debe ser continua e incluir un componente social que lo inserte en los procesos de desarrollo de las comunidades y es clave implementar programas culturales y sociales que le aporten nuevas dinámicas para su conservación. Además de la provisión de recursos económicos para su puesta en valor, debe formularse una política definida para la inserción de los monumentos y sitios históricos en la generación de beneficios sociales. El Estado debe entender que el patrimonio cultural dominicano en su universalidad – y no solo el colonial capitaleño — es generador de recursos, tanto materiales como espirituales.”
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En su Art. 2, la Ley 41-00 establece la obligación del Estado y de las personas de salvaguardar y preservar el patrimonio cultural. El acápite 8 dice textualmente: “Constituye una obligación primordial del Estado y de las personas valorar, proteger, rescatar y difundir el patrimonio cultural de la Nación.” El acápite 12 complementa esta obligación: “El Estado fomentará la creación, ampliación y adecuación de infraestructuras artísticas y culturales y garantizará el acceso de todos los dominicanos y dominicanas a las mismas.” De lo señalado por Espinal se desprende que ni el Estado ni los particulares están cumpliendo su rol de protectores, lo cual impide el más trascendente desarrollo de la “conciencia histórica” que Renan puso como requisito esencial de la unidad de la nación.
La intuición del más lerdo puede advertir que una nación unida tendrá siempre un mejor futuro. Por eso invertir en la preservación de nuestro patrimonio cultural –y más específicamente en el monumental— es una necesaria inversión para desarrollar la conciencia histórica de que hablo Renan. Pero la responsabilidad de hacerla, tal y como lo señala la Ley 41-00, no es solo del Estado. También debemos participar los particulares. Debemos estimular la contribución de empresas e individuos para estos fines, urgiendo al Senado para que acabe de convertir en ley las facilidades que brinda el anteproyecto de Ley de Mecenazgo (https://www.diariolibre.com/revista/cultura/proyecto-de-ley-de-mecenazgo-es-enviado-al-senado-para-su-aprobacion-EA10984462). Tan pronto esta se promulgue, las 10 familias más ricas del país deberían hacer una donación semilla para crear un Patronato Protector del Patrimonio Cultural.
El almanaque de ICOMOS mueve las fibras más sensibles del patriotismo. Es de lamentarse que los US$90 millones que aparentemente se invertirán en la Ciudad Colonial no se hayan destinado para proteger los monumentos y sitios y las otras manifestaciones de nuestra herencia cultural que languidecen abandonadas sin tener parientes ni dolientes. Eso hubiese contribuido más a la unidad y singularidad de nuestra nación, algo que el mercado turístico internacional –en tanto hoy ejerce sus preferencias por destinos auténticos– esta ávido de conocer. Ojala y se arraigue la conciencia de que la protección de nuestro patrimonio cultural no es solo un pilar de la unidad de la nación sino también una contribución a la salud de nuestra principal industria.

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