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  • A PROPÓSITO DE LA DECISIÓN DE LA JCE

    Reporter: juan modesto Rodriguez
    Published: sábado, 7 de julio de 2018
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    A PROPÓSITO DE LA DECISIÓN DE LA JCE
    Por Daniel Cruz
    Hasta las del año 2016, las elecciones presidenciales se venían organizando en República Dominicana de manera separada en el tiempo de las congresuales y municipales desde 1994. Como muchos recordarán, las de 1996 se realizaron de manera extraordinaria como resultado de una de las medidas que se adoptaron para superar la crisis electoral de 1994. Se decidió entonces organizar elecciones presidenciales, solo presidenciales, para el año 1996. Los diputados, senadores, síndicos y regidores elegidos en 1994 se mantendrían en el cargo hasta las elecciones de 1998.
    De esa manera tuvimos elecciones presidenciales en 1996, 2000, 2004, 2008 y 2012; y con dos años de por medio conocimos elecciones congresuales y municipales: 1998, 2002, 2006, 2010. Las que corresponderían a 2014 se corrieron para el 2016, con el propósito de unificarlas con las presidenciales de ese año.
    ¿Por qué volver a organizar en el mismo año las elecciones de todos los niveles como había sido hasta el 1994? Simple, porque supuestamente las direcciones de los partidos se dieron cuenta de que con el sistema de elecciones cada dos años las entidades políticas no tenían tiempo para organizarse, depurar su padrón, someterse a planes educativos, en fin, para mirar hacia dentro.
    Pero cosa de la vida, ahora resulta que al parecer lo que menos les interesa a los líderes de nuestros partidos es la organización de estos. Lo decimos porque se ha continuado en campaña, quizás siguiendo la expresión popular que da cuenta de quien tiene las lágrimas hondas, empieza a llorar temprano.
    Con excepción de elecciones internas en el PRM para elegir su dirección; actividades educativas como conferencia o cursillos en el propio PRM y en el PLD, han resultado pocas las cosas que han podido hacer nuestros partidos en los dos años que han transcurrido después de las más recientes elecciones (2016).
    En el caso del PLD el asunto alcanza la estatura del bochorno porque durante la dirección de Juan Bosch este partido hacía gala de un activismo intenso a todos los niveles, con reuniones permanentes de sus organismos para planificar cada año actividades en todas las áreas (educación, masas, gremios, finanzas…) y para evaluar su ejecución.
    Ahora ni se ha tenido capacidad para conservar los locales. Incluso algunos locales históricos de Comités Intermedios presididos por diputados, sí, diputados, han sido entregados de manera deshonrosa con deudas.
    Y lo peor es que el liderazgo que debería estar más comprometido con la organización también está en campaña. Y uno, algo desilusionado se pregunta, ¿y el Partido pa' cuándo?

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