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  • LEONEL FERNÁNDEZ Y DANILO MEDINA: CASOS MODÉLICOS

    Reporter: juan modesto Rodriguez
    Published: sábado, 16 de junio de 2018
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    LEONEL FERNÁNDEZ Y DANILO MEDINA:
    CASOS MODÉLICOS

    Por Daniel Cruz

    Los peledeístas conocen dos formas en que se construye una candidatura para llegar a la presidencia de la república. Esto no quiere decir en modo alguno que no surjan otras, sino simplemente que hasta ahora solo se conocen en el PLD lo que podríamos llamar dos modelos: el arquetipo Leonel Fernández y el arquetipo Danilo Medina.
    Pasemos de inmediato a ver ambos casos después de dejar sentado que algo tan complejo como el surgimiento de una candidatura presidencial exitosa no es el resultado de un único hecho, sino el resultado de un conjunto amplio de factores.
    1-. CASO LEONEL FERNÁNDEZ.
    Candidatura vicepresidencial
    Con la perspectiva que proporciona el tiempo transcurrido, podemos decir que el Leonel Fernández candidato presidencial (1995) y luego presidente de la república (1996) y el líder que se conoce hoy hubiera sido imposible sin que primero se presentara el Leonel Fernández candidato vicepresidencial, como compañero de boleta del profesor Juan Bosch en 1994.
    Esto debe ser tomado en cuenta por la particularidad siguiente: En esa campaña (1994) aconteció lo que no había pasado nunca y es que el candidato vicepresidencial del PLD pasó a un primer plano respecto al candidato presidencial. ¿Por qué? Es doloroso admitirlo, pero por el degaste físico de don Juan. Recuérdese que Bosch ni si quiera pudo hablar en la Cámara Americana de Comercio (1994). Los directivos de la Cámara no aceptaron que hablara Leonel porque en ese escenario solo hablan los candidatos presidenciales.
    Este detalle nos puede dar una idea de las limitaciones del Bosch candidato en ese año. Me quedo en ese detalle por delicadeza y respeto a una figura que merece se la recuerde en sus mejores momentos. El caso es que Leonel Fernández, en su condición de candidato vicepresidencial, recorrió el país varias veces con una proyección engrandecida por la ausencia de un candidato presidencial que, en un país presidencialista como el nuestro, es el centro de atención y opaca siempre a su compañero de boleta.
    Pero vayamos un poco más atrás y veamos por qué surge Leonel Fernández como candidato vicepresidencial de entre todos los dirigentes del PLD, incluyendo gurús como Euclides, Botello, Bidó Medina, Eduardo Selman (la mejor opción porque por su condición social le hubiera dado a la boleta electoral un equilibrio necesario por el supuesto o real radicalismo de Bosch).
    La Guerra del Golfo 1990-1991
    A Leonel Fernández lo impuso en 1994 una realidad que él creó ayudado por algunas coyunturas que supo aprovechar. En política nada cae del cielo. Hubo un fenómeno de seis meses y 26 días de duración que le dio un beneficio político que en otras circunstancias hubiera requerido la inversión de muchos, muchos años y cuantiosos recursos: la Guerra del Golfo (2 de agosto de 1990-28 de febrero de 1991).
    Desde el anuncio del ataque a Irak por Estados Unidos Leonel Fernández se convirtió en “habitué” de varios programas de televisión. Y podemos hacernos una idea de lo que significa hablar de manera sistemática durante ocho o diez meses por ese medio de comunicación para alguien tan buen expositor y con tantas cosas que decir sobre algo de lo que la gente quería saber.
    Contacto directo con los peledeístas
    Otro elemento, y admito que está sujeto a discusión porque para comprenderlo en su justa dimensión es necesario haberlo vivido con los ojos atentos desde dentro del PLD, es la relación que Leonel Fernández se propuso establecer con los peledeístas y sectores organizados de la sociedad civil.
    Pondré un ejemplo para que se comprenda de lo que hablamos. Leonel Fernández fue dos veces, en menos de dos años y medio, al Comité Intermedio Augusto César Sandino a dar dos charlas. Hablamos de los años 1987 y 1989. Los peledeístas de la vieja escuela saben que había un método para solicitar un charlista en el que se establecía de manera expresa que no se pedía a un expositor específico, porque era la Secretaría de Educación del PLD la que decidía, sobre la base de un banco de expositores (charlistas), el que se enviaría al Intermedio solicitante, en función del tema propuesto.
    Nunca el Intermedio pidió a Leonel, pero Leonel fue dos veces. ¿Por qué? Porque a los gurús del PLD no les interesaba ir a Guachupita a hablarles a 25 o 30 compañeritos, y declinaban cuando la Secretaría los invitaba a que desempeñaran la función de charlistas en ese sector. En cambio, a Leonel sí le interesaba, porque era consciente del poder multiplicador de la comunicación directa. Leonel se sacrificaba e iba a Guachupita y allá impresionaba con su capacidad y facilidad de expresión a esos 25 o 30 compañeritos que lo primero que hacían después era contarles a sus familiares o a los compañeros que no pudieron o no quisieron ir a la charla que “les habló un compañero joven de nombra tal, con una capacidad extraordinaria”. Entonces, esos 25 o 30 compañeritos compartían su impresión con 40, 50 o 60 personas. Además, como la charla sería luego objeto de evaluación el nombre de Leonel Fernández, con la buena impresión que causó, seguía sonando en el Intermedio durante varias semanas.
    Esto que digo del Sandino supe después que pasó en varios municipios de la provincia Duarte, por ejemplo. Específicamente en Pimentel y Hostos. Leonel salía del Curne, en San Francisco de Macorís, donde impartía docencia los días sábados, y se iba en una camioneta a cumplir con 25 o 30 campañeritos que le habían solicitado les hablara sobre un tema escogido por ellos.
    (Y llamo la atención a los que subestimen esto que acabo de compartir como ejemplo para sustentar mi punto, que es más general de lo que a simple vista parece, pues he preguntado mucho y me encuentro con muchos casos parecidos en Intermedios y clubes o gremios).
    Este último aspecto y su intensa actividad intelectual a través, primero, de “Vanguardia del Pueblo” como redactor de su página internacional, y luego como director de la revista “Política: Teoría y Acción”, sumado a lo que algunos han dado en llamar “don de gente” de Leonel fueron determinantes, a nuestro juicio, en la gran ascendencia que desarrolló entre los compañeros de la base del partido, lo que se expresó en la alta votación que logró en los dos últimos congresos organizados bajo la dirección partidaria de Juan Bosch. Es más, ya en 1990 ganó una candidatura a diputado de la que se le despojó con el argumento de que sería el canciller del gobierno que presidiría Bosch en ese año.
    El fenómeno Leonel tuvo otras causas, como la no participación de Joaquín Balaguer en las elecciones de 1996, el retiro de Bosch de la actividad política, su cultura y comprensión de la oratoria política y el contar con un partido que a la altura de ese año había acumulado una vasta experiencia electoral, como lo era el PLD de entonces. Sin embargo, he querido destacar las mencionadas porque es en las que menos se repara. Por lo menos no he visto a nadie que haya hablado de ellas.
    Así las cosas, no debe extrañar a nadie que estuvieran dadas las condiciones para que don Juan lo escogiera como compañero de boleta para las elecciones de 1994. Y ya con esa experiencia y lo obtenido hasta llegar a ella, era cosa de tiempo lograr la candidatura presidencial. Por eso sorprendió a pocos que en 1995 les ganara la candidatura presidencial por el PLD a Euclides Gutiérrez Félix y Norge Botello con más del 85 por ciento de los votos. En 1995 solo se recogieron los frutos de las semillas que de manera paciente y sistemática se había sembrado sin hacer ruido en más de 15 años de trabajo.
    Soy consciente de que en este caso como en el de Danilo Medina, que analizaremos de inmediato, tendré muchos contradictores, como resultado del mal hábito de solo reparar en los resultados de los fenómenos, no en los procesos que les dan origen.
    2.- EL PROTOTIPO DANILO MEDINA
    Relación estrecha con los peledeístas
    Danilo Medina fue un fenómeno ciento por ciento partidario, en lo que lo ayudaron mucho las características de partido de cuadros del PLD. En su función de activista nacional y luego de vicesecretario general Danilo entró en contacto con la inmensa mayoría de los dirigentes nacionales y medios del Partido.
    A diferencia de Leonel, que tenía una relación más distante, más superficial, con los compañeros, de donde surge la inclinación de llamarlos ‘profesor’ a todos, con lo que evitaba el atribuirle un nombre equivocado a algunos, la relación de Danilo era más intensa, más cercana, más íntima. Precisamente por eso podía llamarlos por su nombre. No debe olvidarse que muchos compañeros solo conocían a Leonel por lo que escribía en los órganos del Partido o por lo que decía en los medios comerciales, y a partir de ahí empezaban a simpatizar con él, simpatía que motivaba el interés de abordarlo en las calles, en la universidad, en encuentros breves que luego podían repetirse sabrá Dios cuánto tiempo después. En esa circunstancia era imposible reparar en con quién estaba tratando en esa segunda o tercera ocasión en que lo veía. Así que lo mejor era no correr riesgo y llamarlos a todos con un nombre común: profesor.
    Responsabilidad electoral
    Otro elemento que contribuyó a desarrollar el liderazgo de Danilo Medina fue la responsabilidad que asumió en varios de los equipos de campaña del Juan Bosch candidato. Junto a Luis Inchausty, Danilo recorrió el país en numerosas ocasiones en la organización de actividades o en la agitación y sensibilización de los compañeros de las provincias y municipios que serían visitados por Bosch. (Quizás sea oportuno recordar la vez en que por poco ambos pierden la vida en un accidente próximo a Piedra Blanca una noche en que venían de algún lugar del Cibao). Este trabajo fortalecía indudablemente la relación entre Danilo Medina y cientos de compañeros de la capital y el interior.
    Ministro de la Presidencia
    Sin embargo, lo que a nuestro juicio catapultó el liderazgo de Danilo Medina fue el haber desempeñado la función de secretario de la Presidencia durante el período 1996-2000. Fue una oportunidad para demostrar la capacidad que ya muchos peledeístas le reconocían. Danilo pasó a ser asumido por mucha gente, incluso no peledeísta, como el armador del gobierno, además de que el cargo lo puso en contacto con los representantes de todos los sectores organizados del país, muchos de los cuales también valoraron su buen desempeño. Asimismo, el ministerio le permitió resolverles problema a muchos compañeros en una sociedad en la que se mide la bondad de los gobiernos y de los funcionarios en función de lo bien que nos trate a cada uno de nosotros.
    Eran tiempos en que la estrella de Danilo Medina se hallaba en su máximo esplendor. Así llega a las elecciones de 2000 como candidato presidencial del Partido, en un proceso caracterizado por dos elementos esenciales: La participación de Joaquín Balaguer como candidato presidencial, lo que significaba que los votos conservadores con que se había ganado en 1996, como resultado de un acuerdo entre el PLD y el PRSC, volvían a su lugar de origen; el otro elemento, que había incidido en el triunfo del PRD en las elecciones congresuales y municipales de 1998, era el voto sentimental ocasionado por la muerte de José Francisco Peña Gómez el 10 de mayo de ese año. Este último aspecto no le quitaba votos al PLD, como lo hacía la participación de Balaguer en el proceso electoral, pero sí motivaba una mayor cohesión de las masas perredeístas y reducía su abstención.
    Su propósito de ser presidente de la república no obnubila la visión de Danilo Medina. Lo decimos por dos cosas que a la postre ayudaron en su prestigio personal: Le evita al país una segunda vuelta reconociendo el triunfo de Hipólito Mejía en las elecciones de 2000, pese a que este no había pasado en la primera vuelta, y en el año 2004 decide no presentar su candidatura, aunque había sido el candidato presidencial en las elecciones inmediatamente anteriores. Acertadamente considera que el candidato debe ser Leone Fernández porque el gobierno que este encabezó era la referencia inmediata respecto al desastre del gobierno de Hipólito Mejía.
    Supo lo que quería y actuó en consecuencia
    Un elemento clave en el desarrollo del perfil presidencialista de Danilo Medina lo constituyó su participación en las elecciones internas para escoger el candidato del PLD de cara a las elecciones de 2008. Aunque fue vencido en esa ocasión, desarrolló algo muy importante para un aspirante presidencial: un perfil propio. No era una pieza de nadie, sino alguien que sabía lo que quería y cómo lograrlo.
    Este último aspecto es importante que se tenga siempre en cuenta. Fue el que le llevó a salir del gobierno y mantenerse afuera aglutinando las fuerzas que le permitieran ganar la candidatura presidencial en el próximo certamen interno (2011) y eventualmente las elecciones presidenciales en el año 2012.
    Es en verdad impresionante cómo alguien que había sido derrotado en las elecciones del año 2000, vencido —si por el Estado o no es irrelevante en este caso— en las elecciones internas de 2007 para ser candidato, se recupera cuando ya no puede “hacer favores” desde el gobierno por hallarse fuera de él. Esos cuatro o cinco años (2007-2012) merecen ser estudiados por los compañeros que quieran ponerse de manera seria el traje de candidato presidencial.
    Danilo Medina abandonó su zona de confort. Sacrificó una posición en el gobierno de su partido durante seis años en aras de lograr su propósito, que finalmente alcanzó, actuando con inteligencia y sin desesperarse, y, sobre todo, trabajando.
    COLOFÓN
    Leonel Fernández crea un liderazgo desde la oposición en un partido de cuadros; Danilo Medina lo crea con su partido en el gobierno, aunque había ganado mucho espacio en el partido de cuadros.
    El caso de Leonel es irrepetible porque el Partido que lo hizo posible y su especificidad, la de él como dirigente político, no se volverán a dar en nuestra historia política, por lo menos durante sabrá Dios cuántos años. En cambio, el caso de Danilo podría repetirse, pero no en este proceso ni con los dirigentes actuales. ¿Por qué? Porque no veo forma de que en los próximos dos años ni en los cuatro siguientes salga un presidente directamente desde un Ministerio. El nuestro es un país presidencialista en el que a los ministros se les ve como muchachos de mandados del presidente de turno. En consecuencia, para desarrollar un perfil de presidenciable hay que trabajar durante varios años casi a tiempo completo sin la carga de un ministerio y sin el compromiso político que él implica con el presidente de turno.
    Como en la actualidad ningún dirigente puede hacer un liderazgo nacional desde el PLD por el simple hecho de que este no existe sino como maquinaria que se engrasa de manera esporádica en cada proceso electoral, los aspirantes presidenciales deben dedicarse —es lo que les recomendamos— a acumular méritos como senadores y síndicos, por lo menos los de provincias y municipios grandes, sin darles la espalda a sus compañeros de partido. Nos parece casi imposible que se repita en el país el caso de un dirigente político de un partido importante como el PLD que sin haber sido ni si quiera regidor salte a la presidencia de la república, como aconteció con Leonel Fernández en 1996, por las razones que he intentado explicar en estas notas. Y conforme veo las cosas, solo el Ministerio de la Presidencia podría facilitar el desarrollo de un liderazgo nacional con vocación presidencial, pero para ello son necesarias por lo menos dos condiciones: que no esté en los planes del presidente de la república el reelegirse y que el ministerio se logre cuando su partido reemplace el gobierno de otra organización, porque es cuando puede intervenir en más cambios. 

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