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  • Estados Unidos insiste sobre el uso de armas químicas en Siria

    Reporter: juan modesto Rodriguez
    Published: sábado, 14 de abril de 2018
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    Gracias, señor Presidente. Gracias, señor Secretario General. Comencé a escuchar a mi colega ruso y a responderle, pero en cambio estoy asombrada, Vassily, de cómo usted dice lo que dice sin inmutarse. Realmente lo estoy. La sesión de hoy del Consejo de Seguridad se ha convocado en circunstancias verdaderamente extrañas.
    La Federación Rusa nos ha pedido que debatamos lo que ella llama «amenazas unilaterales» relacionadas con Siria. Lo que resulta extraño es que Rusia ignore cuál es la verdadera amenaza a la paz y la seguridad que nos trae aquí. Y que se desentienda de su propia responsabilidad unilateral por todo ello.
    Lo que deberíamos debatir hoy es el empleo de armas químicas mortíferas para asesinar a civiles sirios inocentes. Se trata de una de las violaciones de la legislación internacional más flagrantes y grotescas del mundo en la actualidad. Es una violación de todas las normas morales. Viola el consenso internacional de larga data sobre el carácter excepcionalmente pernicioso de esas armas.
    El cloro, el gas mostaza y otras armas químicas mataron a 90.000 personas e hirieron a más de un millón en la Primera Guerra Mundial.
    En el libro Canada in the Great World War (Canadá en la Gran Guerra), el soldado canadiense A.T. Hunter lo describió así: «La nube de gas se replegó sobre sí misma como una ola e inundó pesadamente las trincheras. A continuación, la curiosidad pasiva se convirtió en un tormento activo: una sensación ardiente en la cabeza, agujas al rojo vivo en los pulmones, la garganta estrangulada».
    «Muchos cayeron y murieron allí mismo. El resto, respirando con dificultad, tambaleantes, con el rostro contorsionado, las manos gesticulando de forma incontrolada y entre roncos gritos de dolor, huyeron enloquecidos a través de los pueblos, las granjas y la ciudad misma, llevando el pánico a la población civil que quedaba y llenando las carreteras de fugitivos de ambos sexos y de todas las edades».
    Las armas químicas no fueron las que produjeron más víctimas en la Primera Guerra Mundial, pero sí las más temidas.
    En la Segunda Guerra Mundial se emplearon armas químicas a escala industrial contra la población civil, en lo que constituyó el peor genocidio de la historia humana, que recordamos ayer mismo en el Día del Holocausto.
    Eso es lo que nos trae aquí hoy. En eso consisten las armas químicas. Por esa razón, no debemos permanecer en silencio ante el aborrecible uso de armas químicas en nuestra propia época.
    La primera respuesta a todas esos muertos y heridos fue el Protocolo de Ginebra de 1925, por el que se prohibió el uso bélico de armas químicas.
    Más tarde, en 1993, se suscribió la Convención sobre las Armas Químicas, que compromete a todas las partes a no desarrollar, producir, almacenar, transferir o utilizar armas químicas «nunca, en ninguna circunstancia». Asimismo, prohíbe a las partes ayudar quien lleve a cabo estas actividades.
    Los Estados Unidos son parte de la Convención, Rusia es parte de la Convención. Todos los países miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas son parte de la Convención. Incluso el régimen de Assad se ha comprometido a cumplir la Convención.
    Por tanto, en teoría todos nosotros estamos de acuerdo en el principio básico que hoy está en juego: no debe permitirse a ningún país el uso impune de armas químicas.
    Ahora que hemos establecido las cuestiones en las que todos estamos de acuerdo, preguntémonos qué deberíamos condenar hoy.
    Deberíamos estar debatiendo las acciones que realmente nos han traído hasta este momento.
    No deberíamos condenar al país o al grupo de países que han tenido el valor de levantarse en defensa de nuestro principio común. El principio de la oposición el empleo de armas químicas.
    En cambio, debemos condenar al país que, de manera unilateral, ha impedido que el Consejo de Seguridad defendiera este principio.
    En este Consejo de Seguridad, ¿quién se caracteriza por su unilateralidad en lo relativo a las armas químicas?
    Es Rusia la que no se ha detenido ante nada para defender los múltiples usos de armas químicas por parte del régimen sirio.
    Es Rusia la que frustró el Mecanismo de Investigación Conjunta, que garantizaba al mundo la rendición de cuentas por el empleo de armas químicas en Siria.
    Es Rusia la que utilizó su veto seis veces para evitar que se condenara el uso de armas químicas por parte de Assad.
    Es Rusia la que utilizó su veto 12 veces para proteger el régimen de Assad.
    Y, para empeorar las cosas, es Rusia la que había aceptado ser el garante de la eliminación de todas las armas químicas en Siria.
    Si Rusia hubiera cumplido su compromiso, no existirían armas químicas en Siria, y hoy no estaríamos aquí.
    Ese es el historial de Rusia en materia de unilateralidad. Un historial que ha acabado demoliendo todas las normas internacionales contra el uso de armas químicas.
    Esta reunión no debería versar sobre las llamadas «amenazas unilaterales»; debería ocuparse de las múltiples medidas que Rusia ha adoptado para conducirnos hasta a este punto.
    Nuestro presidente aún no ha tomado una decisión sobre las posibles acciones en Siria. Pero si los Estados Unidos y nuestros aliados decidiéramos intervenir en Siria, sería en defensa de un principio sobre el cual todos estamos de acuerdo. Sería en defensa de una norma internacional fundamental que beneficia a todas las naciones.
    Seamos claros: el reciente uso de gas venenoso contra la población de Duma no constituye la primera vez que Assad utiliza armas químicas, ni la segunda, ni la tercera, ni siquiera la cuadragésima novena vez.
    Los Estados Unidos estiman que Assad ha empleado armas químicas en la guerra de Siria al menos 50 veces. Según los cálculos públicos, llegan a 200 veces.
    En las semanas posteriores al ataque de Assad con gas sarín en abril que mató a casi 100 personas, entre ellas numerosos niños, el régimen utilizó gas cloro al menos una vez y posiblemente hasta tres veces en la misma zona.
    En noviembre pasado, precisamente cuando expiró el mandato del Mecanismo de Investigación Conjunta, el régimen volvió a atacar a su pueblo con sarín en los suburbios de Damasco.
    En enero, Assad empleó en Duma al menos cuatro cohetes cargados de cloro. Luego, el fin de semana pasado, volvió a atacar. Y gracias a Rusia, no había ningún organismo de las Naciones Unidas para determinar la responsabilidad del ataque.
    Pero sabemos quién ha sido. Nuestros aliados saben quién ha sido. Rusia puede alegar tanto como quiera que se trata de noticias falsas, pero nadie cree sus mentiras y sus encubrimientos.
    Se suponía que Rusia garantizaría que Assad no usaría armas químicas, pero hizo todo lo contrario.
    El mundo no debe aceptar pasivamente el empleo de armas químicas casi un siglo después de su prohibición. Todos los principios defendidos por las Naciones Unida se desafían de manera flagrante en Siria, con la ayuda de un miembro permanente de este Consejo.
    Si permitimos que Assad normalice el uso de armas químicas, todas las naciones y todos los pueblos sufrirán las consecuencias. Quienes merecen nuestra condena son aquellos que violan la prohibición de las armas químicas. Quienes la defienden merecen nuestro apoyo.
    Los Estados Unidos y nuestros aliados seguiremos alzándonos en defensa de la verdad, la rendición de cuentas, la justicia y el fin del uso de las armas químicas.
    Muchas gracias.
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