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  • Con "Estereotipos" ni "Epítetos", se resuelve el asunto Migratorio de RD

    Reporter: juan modesto Rodriguez
    Published: sábado, 7 de abril de 2018
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    La política migratoria de un país, no tiene, ni puede tener color,ni ideología, ni carga discriminatoria,ni racismo, ni xenofobia.
    Es solo, la política migratoria, que contiene la banda envolvente de la Seguridad Nacional.
    Para un país ser administrado por un gobierno, necesita un referente fronterizo, y herramientas legales.
    Todos los países lo tienen que hacer, porque si no cuidan sus posibilidades de administración, los gobiernos simplemente ven el desborde de sus capacidades de administración.Ven llegar, el caos.
    Por otro lado, ningún gobierno está en derecho, de cargarle a los contribuyentes de un país, responsabilidades adicionales, y menos con el tema migratorio.No puede un gobierno obligar a un pueblo a ser responsable tributario de los problemas de otro pueblo, y la solidaridad, tiene los límites que impone la propia dinámica de la economía.
    No tiene derecho un gobierno despojar de sus derechos a los habitantes de un país que está obligado a una carga, a un sacrificio fiscal, para recibirlos mediante servicios públicos y básicos. Es lo que hemos estado viendo en la República Dominicana con servicios vitales, como el de salud y medicinas,entre otros.
    Los dominicanos están viendo cómo el gobierno deja que ciudadanos que son traídos o dejados entrar en masa, desalojan a los pacientes locales del acceso a los servicios básicos, el de salud, incluido.
    Fue la protesta compartida en las redes sociales por una doctora en una unidad de Cuidados Intensivos, que le ha mal merecido amenazas de sanciones por parte de Chanel Rosa Chupani, director del Servicio Nacional de Salud y que dudamos pueda cumplir, por encima de sus atribuciones, por sus implicaciones, incluso por el atentado a un derecho fundamental, el derecho a la libertad de expresión y difusión del pensamiento, consagrado en nuestra Constitución.
    No es ahora.Desde hace décadas, los dominicanos estamos viendo cómo los gobiernos se resisten a ordenar efectivamente la defensa del territorio y a defender la Soberanía Nacional, con respecto a Haití.
    Ven con preocupación los dominicanos, cómo el referente de patria,de país, de República que entendemos es nuestro sitio para vivir y desarrollar nuestras vidas, esta expuesto y el comportamiento confuso de las autoridades.
    Es bueno que comprendan los inquilinos del Palacio Nacional que los dominicanos no se van a dejar quitar su país.
    Desde Pedro Santana, Buenaventara Báez, Ulises Heuraux (Lilís), Horacio Vásquez y Rafael Leonidas Trujillo, hemos visto cómo sin derecho a ello, los gobiernos han ido reduciendo el territorio en favor de los haitianos. Han permitido que se pierdan espacios nacionales como los de Hincha y Las Caobas, por citar esos casos; permitido esos gobiernos, que se haya violentado antes, y desde 1929, los límites establecidos en los tratados entre Francia y España.
    Y por encima de eso, se pretende que dejemos a los haitianos libremente competir por los espacios de los dominicanos, en lo que nos queda, en el "espacio vital". Los últimos movimientos migratorios haitianos, no son de paso, son con el propósito de ampliar los asentamientos existentes en los palenques, quilombos y bateyes, donde han sido invitados por los que están.
    Ya han desalojado a los dominicanos de los puestos de trabajo,compiten en las calles con los pequeños negocios informales, en las plantaciones agrícolas, en la construcción, en centros educativos etc.
    Ofenden nuestra cultura, símbolos patrio, cometen delitos, crímenes, y frente a toda esa amenaza, funcionarios del gobierno del PLD se destapan llamando "racistas, xenófobos y fomentadores del odio" a los dominicanos que protestan por el desorden migratorio.
    Extrañamente, confusamente, esos funcionarios han asumido el mismo discurso que promueven las "élites haitianas" para recriminar a la República Dominicana cuando actúa con sus leyes y reglamentos, sobre la inmigración de indocumentados. Parece que el discurso anti dominicano de las élites haitianas ha contagiado a ciertos funcionarios.
    Esos actos indignos y atentatorios a la soberanía nacional, a la integridad nacional, ahora son coronados, por otros tantos actos de indignidad, como la permisividad de la entrada masiva de indocumentados, de haitianos carentes de salud, que sólo aportan más problemas y desafíos a las debilidades nacionales. Y la "invitación" a funcionarios de la Comisión Interamericana  de Derechos Humanos (CIDH) a establecerr una "mesa de trabajo", sin ratificación del Congreso Nacional, por encima del protocolo legal, y no se sabe en nombre de qué ni para qué, permitir que se cuestione el estatuto nacional y las decisiones de órganos institucionales como el Tribunal Constitucional y la Ley sobre Migración.
    Parece que ignoran esos funcionarios, que todo acto que contradiga la Constitución y las leyes, y hasta las costumbres, la convención social, es acto nulo.Y los expone a un régimen de consecuencias, tarde, o temprano.
    Con descalificaciones, con epítetos e insultos a los dominicanos que protestan y reclaman un orden migratorio, no se resuelve el problema, señores funcionarios, y por el contrario, los expone a verles el traje de falsos patriotas que están vistiendo, y su capacidad de entreguismo y renuncia a los ideales duartianos..

    DE LA SOLIDARIDAD AL PELIGRO

    El portavoz del gobierno Roberto Rodríguez Marchena ha ganado el enfrentamiento de la semana ,junto a Rosa Chupani, por unas posiciones que no se entienden frente a este problema migratorio.Dudamos que sea la línea oficial del presidente Medina.
    Por otro lado, hacerles notar a esos funcionarios, que hace tiempo que la recepción de haitianos indocumentados por parte de la República Dominicana trascendió del concepto de " el buen vecino" que admite refugiados económicos o políticos, como refugiados no permanentes, de manera transitoria.
     La incursión masiva de haitianos, ya no es por razones de trabajo o por la búsqueda de la solidaridad, como ocurrió tras el terremoto del 2010.
    Tampoco puede verse como un movimiento migratorio que es normal que se de cuando hay inequidad entre dos naciones fronterizas y que la movilidad se produce hacia la que aparenta más desarrollada.
    El tema de la ocupación de indocumentados haitianos, cuestiona no solo nuestras debilidades institucionales y legales, sino que delata en qué están algunos de la llamada "clase política", de la clase política gobernante, y de la opositora,donde no se avisora una posición clara con los asuntos migratorios.
    El tema permite visualizar a qué nos quieren someter como país, y qué conceptualización tienen de lo que es Patria y patriotismo, de lo que es República Dominicana, y de lo que somos los dominicanos.
    Ningún "inquilino" del gobierno de turno, puede someter a los dominicanos, sin consecuencias a cargarse la responsabilidad de tener haitianos gastando lo poco que aparece para salud y medicamentos y que aportamos con nuestros impuestos.
    Mas que xenofobia,racismo, cultivo del odio, "nazionalismo", "patriotismo barato",  y cualquier otro epíteto o descalificación con que responden ciertos funcionarios que debieran aportar mejor a la solución de este problema, el desorden migratorio le cuesta mayores sacrificios económicos y aumento de la miseria, de sus carencias y limitaciones, a los dominicanos.

    Quienes se ponen del lado del desorden migratorio, del caos y del derroche de los recursos nacionales, no merecen ser considerados como dominicanos, y por sus actos y hechos, ya se ganaron sus propios calificativos.
    Ningún funcionario "de paso" por el poder, tiene derecho, a sin consecuencias, a comprometer nuestro futuro, nuestra libertad, nuestra soberanía, nuestra cultura, nuestra identidad, nuestro territorio, ni a jugar con nuestros sentimientos nacionales. Los funcionarios pasan, y el pueblo dominicano, tiene que quedarse.
    Necesitamos tener una República Dominicana, como la que nos dejó Juan Pablo Duarte y los Trinitarios. Un espacio referencial para sentirnos que pertenecemos a un país, a un territorio, a una identidad nacional, y hay millones dispuestos a luchar por la preservación de lo que entendemos como República Dominicana.

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