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  • Haití-RD: Hacia un nuevo amanecer

    Reporter: juan modesto Rodriguez
    Published: martes, 6 de marzo de 2018
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    Haití-RD: Hacia un nuevo amanecer (2-2)
    Juan Llado - 6 de marzo de 2018 - 12:08 am -  Acento.com.do

    Juan Llado
    La animosidad de muchos dominicanos contra los haitianos tiene su más inmediata raíz en la creciente migración ilegal hacia nuestro territorio.  Alegando pérdida de soberanía y de puestos de trabajo, los más virulentos reclaman la deportación masiva de los ilegales y la detención en seco de la migración. Pero sería muy iluso pensar que medidas de corto plazo resolverán el problema. Lo que debe instrumentarse, con firme y decidida voluntad política, es un proyecto binacional de desarrollo económico para Haití con visión innovadora y espíritu de cooperación.
    Lo primero es lograr un acuerdo entre los presidentes de los dos países para crear el Fideicomiso de Desarrollo Binacional (FDB). El objetivo general de tal entidad seria la promoción del desarrollo económico de Haití, aunque algunas de sus iniciativas también incidirían en la RD.  La premisa fundamental es que tal cosa no solo disminuiría la migración, sino que también impulsaría el desarrollo de las dos economías y, eventualmente, enterraría las malquerencias.  De ahí la conveniencia de que la RD participe apoyando todas las gestiones del FDB.
    Un Plan de Desarrollo Económico Binacional (PDEB) definiría los proyectos prioritarios y pautaría el accionar del FDB. Su Consejo de Administración estaría conformado por los dos presidentes y el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).  Este a su vez nombraría como Administrador a un representante del gobierno de Noruega, la nación a quien se pediría participar con mandatos y prerrogativas previamente especificadas.  Una gestión diplomática de los presidentes solicitaría esa colaboración.
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    Para lograr que el BID establezca una facilidad crediticia especial –con préstamos concesionales y otras flexibilidades—los presidentes someterían la petición correspondiente a su Asamblea General.  (Lograr la solidaridad de los demás países miembros no debe ser demasiado difícil porque hay precedentes auspiciosos.) A su vez, los presidentes pedirían a los gobiernos de Francia, EEUU y Canadá poner en vigencia el Acuerdo Trilateral Ampliado, concebido en el 2002,  mediante el cual esos países cederían el servicio de la deuda de Haití y la RD para financiar proyectos de desarrollo en Haití.
    Existen, por otro lado, numerosos estudios y propuestas de desarrollo bilateral que pueden servir para definir el PDEB.  Una revisión sistemática de otros estudios y propuestas permitiría seleccionar aquellos que merezcan adoptarse. Por ejemplo, en el 2009 Adoexpo y la JAD propusieron un plan de desarrollo de las exportaciones de ambos países para acceder a los fondos de desarrollo del EPA (2009).  Por su lado, el Ordenador Nacional de Haití propuso ese mismo año un “Programa Bilateral” de desarrollo que implicaría intervenciones en las áreas del comercio, medio ambiente, infraestructura de producción y desarrollo local (http://docplayer.es/14877662-Informe-final-inventario-de-los-conocimientos-e-intervenciones-sobre-la-zona-transfronteriza-haiti-republica-dominicana.html).
    Para identificar los mejores proyectos resulta indispensable explorar también la imbricación actual de los dos pueblos. Una gran dimensión está en el comercio. La RD tiene a Haití como su segundo más importante socio comercial, lo que representó un mercado de US$800 millones en exportaciones el pasado año (mientras hace tres años fue US$1,400 millones.) Haití podría absorber más del doble si los dos países se abocaran a destrabar las barreras (https://adoexpo.org/assets/Haiti-DR-NTB-Study-Final-report-SP-Feb-2016-1.pdf)  para lograrlo y, de paso, aumentar las exportaciones haitianas hacia nuestro país.
    Pero se requeriría que los respectivos sectores privados exploren vías de cooperación para beneficio mutuo (http://economia.gob.do/mepyd/wp-content/uploads/archivos/libros/oportunidades-entorno-empresarial-rep-dominicana-y-haiti.pdf). Habría, por ejemplo, que buscar la fórmula para que los productos que los comerciantes haitianos importan desde EEUU –y que nosotros antes suplíamos y podemos seguir supliendo—vuelvan a importarse desde aquí. A cambio, también se buscarían oportunidades para que aumente la importación de productos haitianos por parte nuestra, promoviendo a la vez la conservación ambiental (https://postconflict.unep.ch/publications/UNEP_Haiti-DomRep_border_zone_SP.pdf). Así comenzaríamos a trillar el camino hacia el tratado de libre comercio y hasta el de la unión monetaria que propuso un reporte del Banco Mundial en el 2010 (https://openknowledge.worldbank.org/handle/10986/3728).
    Otra manera de estimular el comercio bilateral es a través de la coinversión. A los comerciantes e industriales de Haití podría interesarle, por ejemplo, el desarrollo de plantas binacionales de producción en su territorio. Así ellos desarrollan sus capacidades productivas con una contribución de capital dominicano. Sería una forma de garantizar la participación de  los haitianos en la producción de alimentos y otros rubros. Pero aun cuando haya la voluntad deberá admitirse que los riesgos de inversión en Haití son engorrosos y, por tanto, se requerirá que los gobiernos se empleen a fondo para garantizar la seguridad jurídica.
    Un buen proyecto de inversión binacional sería el de construir cuatro hoteles de lujo, dos en playas del norte y dos en las del sur, con la finalidad de detonar en Haití el desarrollo turístico a gran escala. El FDB se haría cargo del diseño y desarrollo, pero la administración de los establecimientos se les confiaría a algunas de las cadenas hoteleras presentes en el lado dominicano.  Los beneficios mutuos serian enormes. Y la isla se convertiría en la mayor meca turística de la región por el singular atractivo que ofrecen dos países yuxtapuestos tan diferentes.  Pensar que eso nos restaría turistas a nosotros es una noción extraviada.
    Otro renglón importante es el de la mano de obra. Es bien conocido que nuestros sectores agrícola y de construcción podrían colapsar sin el insumo de los trabajadores haitianos. Asimismo, aquí existe un remanente de braceros haitianos en el corte de la caña y muchos trabajadores en la informalidad urbana, en turismo y el servicio doméstico. La realidad es que esas fuentes de empleo juegan un papel fundamental en el estímulo a la migración, legal e ilegal.  Los estimados más autorizados de la población haitiana en nuestro país oscilan entre medio millón y un millón. Y en la RD deberá admitirse que sin los trabajadores haitianos nuestra economía se las vería fea actualmente (http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/06/150618_economia_republica_dominicana_haiti_plan_migratorio_ng).
    Por otro lado, el empleo creado por los proyectos del FDB vendría a disminuir la migración hacia nuestro país.  Pero actualmente hay informes sobre un inminente gran plan de inversión china en Haití –de hasta US$30 billones–que generaría un flujo migratorio contrario. Las perspectivas serian que con una gran actividad económica en Haití miles de haitianos que viven aquí retornarían a su país.  Y el lado dominicano tendría así que adoptar medidas compensatorias, además de que muchas empresas dominicanas incursionarían en Haití.
    En el 2015 un grupo de prominentes inversionistas dominicanos y haitianos se agruparon en un Consejo Económico Binacional Quisqueya y anunciaron su intención de promover un plan de desarrollo fronterizo. El pasado año dicho Consejo todavía estaba activo (https://www.diariolibre.com/cronologia/ver/meta/consejo-economico-binacional-quisqueya), pero no se conocen iniciativas concretas que se hayan materializado.  Pero sin duda ese Consejo es un excelente precursor del tipo de colaboración que habrá que desarrollar entre los dos países, tanto en la esfera oficial como privada.
    En estos tiempos de globalización, la Era del Conocimiento y la Era Digital, la clase dirigente de las dos naciones deberá despojarse de las mezquindades nacionales y de nociones obsoletas sobre la soberanía. Por eso es preciso que la iniciativa para llevar a cabo la presente propuesta sea emprendida por los respectivos Jefes de Estado, a sabiendas de que solo en esas alturas se podría visualizar más límpidamente el horizonte y dar oportunidad a la hermandad y solidaridad de los dos cónyuges del “matrimonio obligado”.  La reticencia mutua debe dar paso a la buena voluntad.

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