Farándula

  • En primera persona -UNA SITUACIÓN CALAMITOSA

    Reporter: juan modesto Rodriguez
    Published: miércoles, 11 de abril de 2018
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    En primera persona
    UNA SITUACIÓN CALAMITOSA
    *Roberto Marcallé Abreu
    rmarcalle@gmail.com

    Perturba los ánimos –y nos sume en un estado de profunda tristeza −el destino del policía que decidió morir ante la imposibilidad de obtener el dinero para costear la operación que salvaría la vida de su hijo afectado por un grave problema hepático.
    Uno cierra los ojos e imagina el estado emocional de este hombre que, desesperado, acudió a los medios de comunicación a suplicar ayuda para enfrentar ese terrible trance. Un muro de silencio acalló sus ruegos angustiosos. Entonces, se quitó la vida.
    Este evento trágico y devastador ocurre precisamente cuando se reinaugura un hospital del Estado en el que se invirtió una cantidad fabulosa de millones de pesos y dólares.
    Resulta evidente, nuestra sociedad se desliza por una pendiente que no abre las puertas a la esperanza. Se podría creer que quienes orientan o son responsables de conducir los destinos colectivos han perdido el rumbo. O sencillamente estas situaciones tan conmovedoras no les quitan el sueño.
    La impresión generalizada es que, en la República Dominicana de hoy, intereses poderosos e intransigentes se sitúan de forma irrevocable en primer término. El ciudadano subsiste a duras penas víctima del abandono y el olvido.
    Se aprecia en esta otra calamidad, la del llamado “El Riíto” en La Vega, un hecho que puede arrojar alguna luz sobre cuanto decimos. El proyecto, de dos mil millones de pesos, (insisto: ¡dos mil millones de pesos!) anunciado como “una salvación para las proyecciones futuras” de esa ciudad y el rescate de quienes viven en estado de suma pobreza en el entorno del río Camú, ha devenido en una tremenda insensatez.
    La última creciente del río ha revelado los yerros, desaciertos o imprevisiones de quienes empezaron a ejecutar la obra. Al parecer, se ignoró o no se consideró lo suficiente (inconcebible error), el proceder histórico y el vigor de corrientes de agua cuyo cauce fue creado por la naturaleza (que es muy sabia) durante miles y miles de años.
    Los moradores, mientras luchaban por proteger sus muebles,televisores y colchones en calles y casuchas anegadas en corrientes torrenciales de varios pies de altura, se quejaban de haber advertido a los proyectistas que estaban construyendo “en el mismo lecho del río” y que eso acarrearía “graves consecuencias”.
    Dijeron haberse acercado, señalado y reiterado a esos profesionales que “ellos sabían de lo que estaban hablando”. ¿Por qué no los escucharon? Su respuesta, la de los arrogantes responsables, con las aguas cubriendo gran parte del primer piso de las inconclusas y nuevas edificaciones, fue que “los daños son menores”. ¿Menores?
    Porque todo está relacionado y vinculado, similar escenario tiene lugar de extremo a extremo en cualquier rincón del país. Se trata de otras facetas de la misma aterradora realidad: “Detienen a un hombre que filmaba a sus nietas e hijas mientras las violaba para comercializar los vídeos”. “Militares en la frontera incautan cuarenta pacas de drogas”. “Encuentran cadáver de mujer en un tanque”. "Matan a balazos a dos hombres en atraco en una finca". “Sancionarán profesional de la medicina por subir vídeo en el que se observa que de nueve camas para cuidados intensivos en un centro hospitalario, siete son ocupadas por haitianos”.
    Protestas por el insuficiente suministro de energía eléctrica, por la edificación de acueductos, reparación de calles y caminos vecinales; asesinatos y atracos por doquier, intolerable costo de la vida. Centenares de muertos en accidentes de tránsito, en suicidios, en crímenes misteriosos, personas cuyos cadáveres aparecen arrojados en montes, en cañaverales, mujeres y hombres que desaparecen sin que se conozca su paradero, algunos de los cuales aparecen asesinados por bala, cuchillo, machete o atropellados. Esta sociedad tiene que hacer un alto urgente. La razón es tan elemental que resulta un exceso mencionarla.

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