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  • Leonardo Faña está como ¨TRES PATINES¨ , se le olvidó que el acusado es él

    Reporter: juan modesto Rodriguez
    Published: miércoles, 10 de enero de 2018
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    Humberto Salazar


    En la República Dominicana son tantos los cuestionamientos, acusaciones y señalamientos que tienen que soportar lo que se dedican a la actividad política, que muchas veces nos hemos preguntado si deben ser parte de la cotidianidad escuchar ofensas al honor y buen nombre de esas personas sin que exista una reacción de quienes pudieran sentirse dañados.
    Es mas, son muchas las veces que al escuchar ciertos nombres y acusaciones, hemos creído que los mencionados prefieren dejar el tema en el aire y dejar que pase el vendaval sin ninguna respuesta, porque en un juicio publico oral y contradictorio pudieran surgir ciertas informaciones que develarían riquezas inexplicables y haberes de dudosa procedencia.
    El honor se define en el diccionario como una palabra con dos acepciones, una objetiva que supone la cualidad que distingue a una persona para actuar de acuerdo a los patrones morales y éticos aceptados por un conglomerado de seres humanos, podríamos decir que es la tendencia que impulsa a una persona a actuar rectamente.

    Y también tiene un componente subjetivo donde lo que importa es cómo ve la sociedad a esa persona, el reconocimiento de las cualidades morales, el buen nombre y la dignidad que tiene un individuo frente a los integrantes del grupo social en que se desenvuelve, es algo por lo que una persona o familia puede sentirse orgullosa o enaltecida.
    Por esto es que cualquier situación que dañe nuestra moral, nuestro buen nombre, nuestro decoro, la dignidad que objetiva y subjetivamente pensamos tener, nuestra buena imagen, esta protegida por la ley, ya que implica el hecho de cometer un delito contra algo que parece intangible, como es el honor, pero que sin embargo es parte integrante de lo que somos somos seres humanos gregarios y por lo tanto obligados a vivir en comunidad con los demás.


    La defensa al honor y buen nombre es de tal profundidad y extensión, que incluso en algunos países se protege la memoria de los difuntos, donde el buen nombre y las acciones de la persona que ya pasó a otra vida es protegida en las personas de sus herederos, lo que quiere decir que se podría cometer en esos lugares difamación, injuria o calumnia incluso en contra de un muerto y ser reclamado por sus hijos o familiares.


    Y aquí deberíamos definir lo que es difamación, injuria y la calumnia, porque sobretodo en el caso de las dos primeras están tipificadas como delito en el código penal de la República Dominicana, y por lo tanto quien comete una acción de este tipo puede ser llevado a los tribunales donde sufrirá las consecuencias de sus actos.

    La difamación es cuando una persona usa los medios de comunicación pública, de manera repetida, de manera tendenciosa, con evidente mala fe por la repetición continua y evidente malicia, revela mentiras sobre una conducta con la intención de dañar el honor y el buen nombre de una persona o familia, es decir existe de parte del difamador una intención expresa de hacer daño.


    En el caso de la injuria, que es una palabra que viene del latín iniuria¨ que se descompone en ¨in¨, significa contrario y ¨injuria¨ que quiere decir derecho, entonces es algo contrario al derecho y para los romanos era un delito que se originaba en la acción de ¨iniurias¨ o injurias, que se cometía cuando una persona era agredida en su integridad moral o física.

    Modernamente se considera una injuria al delito que se comete cuando se agrede en forma intencionada el honor y buen nombre de las personas, atribuyéndole acciones falsas con el único objetivo de causar daño a su buena fama y la moral que ha sido la norma de conducta en su vida pública y privada, es decir, existe una intención evidente de causar un perjuicio a la persona contra quien se comete la injuria.


    Como vemos estos son delitos, y como tales, pueden ser llevados por quien se sienta agraviado ante un tribunal de justicia, donde se harán los reclamos correspondientes con el código penal del país de que se trate y en caso de que se demuestre culpabilidad, pues se pagarán las penas correspondientes y dispuestas por la ley.
    De todo esto se desprende que cualquier ciudadano que se sienta difamado o injuriado por otra persona, tiene todo el derecho de reclamar una reparación a su honor y buen nombre, solo que en la República Dominicana cuando sucede algo como esto, generalmente el consejo que se da es dejar eso así porque si se lleva el caso a un tribunal lo que se va es a perder el tiempo.
    Algo sucede en la vida y acciones de la mayoría de los políticos del patio, de quienes se escuchan todo tipo de acusaciones en los medios de comunicación y no hay reacción, es como si se tuviera miedo de que su vida privada y familiar sea debatida en forma publica, lo que para nosotros es un indicio de que existe una conducta generalizada con las excepciones que se corresponden a la regla, de que lo mejor es no debatir temas donde los acusadores podrían salir como acusados.


    Es por esto que hemos dado especial seguimiento a la demanda que por difamación e injuria fue sometida en contra del dirigente del Partido Revolucionario Moderno, Leonardo Faña, de parte del Ministro Administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, pues de su conclusión podríamos llegar a formarnos una opinión sobre si vale o no la pena para un profesional exitoso y realizado, activar en el servicio publico a través de un partido político.


    Y es que la vocación de todo el que accede a la política como actividad principal o secundaria en su vida, debe ser agregar su esfuerzo para mejorar el bienestar colectivo de la comunidad en que se desenvuelve, lo que implica el sacrificio de la individualidad e incluso la perdida de oportunidades a partir del cambio de visión que sufre al ejercer un espacio de poder sobre los integrantes de la sociedad en que se desenvuelve.
    Solo a un individuo de muy baja calaña y lleno de mala fe y quizás hasta de envidia por el triunfo de los demás, algo tan común en nuestro país donde se lleva la vida ajena mas que la propia, se le puede ocurrir que a una persona como Peralta, miembro de una familia reconocida como empresarios exitosos del sector agrícola, no sería un beneficiario mas de los favores del gobierno de turno quedándose fuera del gobierno de su partido, antes que exponerse al escarnio a que son sometidos los que ejercen la política en nuestro medio.
    Y esto es precisamente lo que se juzga en la Novena Cámara Penal del Distrito Nacional, las acciones de un individuo como Leonardo Faña, quien consideró que tenía la posibilidad de ¨trapear el piso¨ con el buen nombre ganado por uno de los principales funcionarios del actual gobierno, y que como es tradicional, esa persona, en este caso José Ramón Peralta, no iba a reaccionar y dejar las cosas así, solo porque no se airearan sus acciones públicamente dentro de las paredes de un tribunal.
    Sabiendo que cometió un delito, Faña intentó manipular el miedo al escarnio publico que suele acompañar a los funcionarios de cualquier gobierno, y primero intentó chantajear llevando turbas vociferantes al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, con el fin de que se retirara la querella en su contra.
    Solo que se ha encontrado con una pared que para el ha resultado infranqueable, porque lo cierto es que a pesar del esfuerzo que hace de tratar de cambiar la carga de la prueba hacia la persona a quien el difamó, injurió y calumnió, el acusado es Faña, quien tiene la obligación de demostrar que sus afirmaciones en reiteradas ruedas de prensa en contra de Peralta las puede demostrar, lo que evidentemente le ha resultado un imposible.
    Tanta es su confusión y desesperación, que en la ausencia de ayer y frente a los periodistas dijo lo siguiente: ¨el señor José Ramón Peralta tiene que ser condenado¨ (reseña del periódico El Caribe); lo que no sabemos es ¨condenado¨ a que y por quien, porque parece que a Faña se le olvidó que en ese juicio el acusado es el mismo.
    ¿Es que esta Faña tan ¨turulato¨ que se le olvidó su papel en ese tribunal, y que es su persona quien ocupa el banquillo de los acusados?.
    Podría esta haciendo el papel de José Candelario Tres Patines, el siempre acusado del famoso programa cubano La Tremenda Corte, donde se enredaban tanto que hasta pedía que los jueces fueran los condenados o los pobres engañados de Luz María Nanania o Rudecindo Calderio y Escudiña.

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