lunes, 4 de diciembre de 2017

Un nuevo informe de la FAO revela problemas de inseguridad alimentaria y nutrición en Europa y Asia Central

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Unos 14,3 millones de adultos no cuentan aún con los alimentos que necesitan y la malnutrición está en aumento


4 de diciembre de 2017, Budapest/Roma – Los países de Europa y Asia Central han hecho progresos notables para reducir la prevalencia de la subalimentación, pero cerca de 14,3 millones de mujeres y hombres en la región no cuentan aún los alimentos que necesitan y los problemas de malnutrición están en aumento, según un informe de la FAO publicado hoy.

El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en Europa y Asia Central 2017 analiza una serie de indicadores de seguridad alimentaria y nutrición para evaluar el progreso de los países hacia el logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 2 (erradicar el hambre, lograr la seguridad alimentaria y mejorar la nutrición y promover una agricultura sostenible) para 2030. Evalúa el suministro de energía alimentaria, indicadores nutricionales como retraso del crecimiento y emaciación, anemia, sobrepeso y obesidad, así como los cambios en las dietas y su impacto en diferentes grupos de población.

Tras el enorme progreso alcanzado en los últimos años, la situación en la región parece ahora haberse estancado. La prevalencia de la subalimentación se ha mantenido prácticamente sin cambios en el Cáucaso y Asia Central, según el informe presentado en un Simposio regional sobre sistemas alimentarios sostenibles para la alimentación saludable.

“La pobreza sigue siendo el obstáculo más importante para la seguridad alimentaria”, aseguró Vladimir Rakhmanin, Director General Adjunto de la FAO y Representante Regional para Europa y Asia Central. “Pero existe –añadió- un rumbo preciso a seguir. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) brindan un marco sólido para superar los desafíos a los que se enfrentan los países de Europa y Asia Central”.

Prevalencia de la subalimentación entre 2005-2007 y 2014-16

Para evaluar mejor los factores y características de la inseguridad alimentaria en la región, el informe de la FAO incluye la nueva Escala de experiencia de Inseguridad alimentaria (FIES, po sus siglas en inglés), que sirve para complementar el análisis del progreso sobre los indicadores del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 (ODS2) sobre seguridad alimentaria y nutrición. Con un análisis más oportuno y completo, la nueva metodología señala que 14,3 millones de adultos en la región padecieron inseguridad alimentaria grave durante el período 2014-2016.

Sin embargo, para evaluar completamente la situación, es clave conta con los datos nutricionales recopilados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según el informe, que recuerda que la malnutrición en una o más de sus tres formas principales (desnutrición, sobrenutrición y carencias de micronutrientes) está presente en diversos grados en todos los países de la región.

“A menudo las tres coexisten, en lo que se denomina la triple carga de la malnutrición”, advirtió la experta en políticas de la FAO, Ariella Glinni, autora principal del informe. “No es inusual –añadió- que los países experimenten altas tasas de desnutrición infantil y obesidad. Las carencias de micronutrientes y la sobrenutrición en niños, mujeres y hombres se han convertido en dos de los principales problemas de seguridad alimentaria y nutrición en la región”. 

La hipernutrición es otro problema

La hipernutrición entre la población adulta es otro problema importante, según el informe. Una persona es obesa cuando su índice de masa corporal (para calcularla se divide el peso en kg por el cuadrado de la altura en metros) excede de 30. Citando datos de la OMS, el informe señala un aumento del 30 por ciento en el número de adultos obesos durante el período de 2000 a 2014. La mayor prevalencia de obesidad se observó en los países de Europa sudoriental, donde el 26,9 por ciento de todos los adultos se clasificaron como obesos.

Las tasas crecientes de obesidad en la región están estrechamente relacionadas con los ingresos per cápita que permiten el consumo de productos alimentarios con un mayor valor calórico, junto con estilos de vida cada vez más sedentarios.

En menor medida, según Glinni, “como forma de malnutrición, la obesidad también puede ser el resultado de cambios en los hábitos alimentarios y de bajos ingresos asociados con el consumo de alimentos más baratos con altos niveles totales de grasas, azúcar y otros carbohidratos refinados”. La falta de concienciación sobre las dietas saludables contribuye también a la creciente prevalencia del sobrepeso y la obesidad entre los diversos grupos de ingresos de la región.

Las mujeres y los hombres de la región sufren de diferentes formas de malnutrición. Las mujeres en edad fértil corren un mayor riesgo de anemia, lo que supone un notable problema de salud pública, según las conclusiones de la FAO.  

Si bien las mujeres son las principales responsables de cultivar, comprar, procesar y preparar la mayor parte de los alimentos que se consumen, para lograr realmente cambiar las cosas, las iniciativas para mejorar la nutrición deben dirigirse tanto a mujeres como a hombres.

El cambio climatico y otro desafíos

El informe de este año se presenta bajo el tema: Garantizar la seguridad alimentaria a través de una mejor gestión de unos recursos naturales escasos y frágiles en el contexto del cambio climático.

La demanda de alimentos en la región está creciendo, los patrones de consumo están cambiando y la urbanización se está acelerando. Al mismo tiempo, muchos sistemas de producción regionales son ya insostenibles y vulnerables a los impactos, incluidos los derivados de fenómenos meteorológicos extremos, lo que hace que las ganancias futuras de productividad sean inciertas, advierte el informe. Alcanzar la seguridad alimentaria en estas condiciones requerirá un aumento sostenible de la producción agrícola, mayor resiliencia y un uso más eficiente de los recursos naturales.

Algunos de los países de la región de Europa y Asia Central figuran entre los más vulnerables a los cambios y variabilidad en el clima, y muchos experimen ya  impactos negativos en sus ecosistemas agrícolas, según la FAO, que señala un aumento de daños y pérdidas en los subsectores agrícola, ganadero, forestal y pesquero.

La necesidad de reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos -que suman en todo el mundo más del 30 por ciento de los alimentos producidos-, es cada vez más urgente. Al despilfarrar menos alimentos y reducir las pérdidas a lo largo de la cadena de valor, disminuye la presión sobre unos ecosistemas frágiles, se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, los sistemas agroalimentarios se vuelven más eficientes y se mejoran la seguridad alimentaria y la nutrición.

La FAO ha estudiado además la forma en que cada país se prepara para abordar sus problemas de seguridad alimentaria y nutrición. Concluyó que si bien muchos han dado los primeros pasos para implementar la Agenda 2030, basándose en las medidas adoptadas para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio ya pasados, solo unos pocos tienen marcos normativos que abordan los cuatro pilares de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad .

Algunos países carecen todavía de políticas integrales de seguridad alimentaria. En otros, descubrió la FAO, la seguridad alimentaria se define de manera más limitada, al centrarse principalmente en la autosuficiencia alimentaria nacional, sin considerar sus otras dimensiones.

Muchos países de la región están reconociendo la importancia de abordar los problemas de nutrición para lograr la seguridad alimentaria y mejorar el bienestar de sus ciudadanos, según la FAO. Sin embargo, las políticas y  programas de nutrición han tenido diversos grados de éxito y deben combinarse con medidas coordinadas, como protección social, desarrollo rural y programas de concientización sobre nutrición, y centrarse en las causas subyacentes de cada tipo de malnutrición..

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